Vũ‚ Quý Vỹ

Mappemonde mettant en évidence le Vietnam et la France.

Los La­men­tos de la es­posa de un gue­rrero: De Đặng Trần Côn a Hoàng Xuân Nhị

Tra­ducido del fran­cés

«No, ella lo ha ol­vi­dado to­do, para no pen­sar sino en la par­tida de su es­po­so. Otro dios [dis­tinto al de la gue­rra] la ins­pi­ra, le dicta con­mo­ve­do­res adio­ses y baña sus ojos en lágrimas. ¡Tan cierto es que los tor­men­tos de la más breve au­sen­cia so­brepa­san las fuer­zas de los aman­tes!»

Ca­tulo. Tra­duc­tion com­plète des po­é­sies de Ca­tu­lle, suivie des po­é­sies de Ga­llus et de la Vei­llée des fêtes de Vé­nus (T­ra­duc­ción com­pleta de las poesías de Ca­tulo, se­guida de las poesías de Galo y de la Velada de las fies­tas de Ve­nus), trad. del la­tín por François No­ël. Pa­rís: Rémont, 1806.

Es­tos ver­sos de Ca­tulo bien po­drían ha­ber sido es­critos en el Vie­tnam de los años 1740. Fue en aque­lla época con­vul­sa, mar­cada por las levas de tro­pas, cuando se com­pu­sie­ron los La­men­tos de la es­posa de un gue­rrero (Chinh phụ ngâm)1For­mas re­cha­za­das:
Plain­tes d’une fe­mme dont le mari est parti pour la gue­rre (La­men­tos de una mujer cuyo ma­rido par­tió a la gue­rra).
Com­plainte d’une fe­mme de gue­rrier (La­mento de una es­posa de gue­rre­ro).
Com­plainte de la fe­mme du gue­rrier (La­mento de la es­posa del gue­rre­ro).
Com­plainte de la fe­mme d’un gue­rrier (La­mento de la es­posa de un gue­rre­ro).
Plain­tes de la fe­mme du gue­rrier (La­men­tos de la es­posa del gue­rre­ro).
Com­plainte de la fe­mme d’un sol­dat (La­mento de la es­posa de un sol­da­do).
Plainte d’une fe­mme de sol­dat (La­mento de una es­posa de sol­da­do).
Le Chant de la fe­mme d’un gue­rrier (El Canto de la es­posa de un gue­rre­ro).
Chant de la fe­mme du gue­rrier (Canto de la es­posa del gue­rre­ro).
Chant de la fe­mme du com­ba­ttant (Canto de la es­posa del com­ba­tien­te).
Ro­mance de la fe­mme du com­ba­ttant (Ro­mance de la es­posa del com­ba­tien­te).
Plain­tes d’une chi­nh-phou, fe­mme dont le mari part pour la gue­rre (La­men­tos de una chinh-phou, mujer cuyo ma­rido parte a la gue­rra).
Les Plain­tes d’une chi­nh-phu (Los La­men­tos de una chinh-phu).
Scan­sion d’une fe­mme de gue­rre (Es­can­sión de una mujer de gue­rra).
Scan­sion d’une fe­mme dont le mari est à la gue­rre (Es­can­sión de una mujer cuyo ma­rido está en la gue­rra).
La Com­plainte de l’épo­use du gue­rrier (El La­mento de la es­posa del gue­rre­ro).
La Com­plainte de l’épo­use du com­ba­ttant (El La­mento de la es­posa del com­ba­tien­te).
Fe­mme de gue­rrier (élégie) (Mujer de gue­rrero [ele­gía]).
Chinh phụ (n­gâm khúc).
. En me­dio del re­do­ble de los tam­bo­res se al­zan los llan­tos de una joven vie­tna­mita, cuyo ma­ri­do, par­tido al fren­te, tarda en re­gre­sar y no re­gre­sa. «Toda la tris­teza, toda la rebe­lión, […] toda la an­gus­tia de la es­pera se expresa allí con un refi­na­miento in­com­pa­ra­ble». Es una ele­gía inti­mis­ta, no un pan­fle­to. Y sin em­bar­go, adquiere tal acento de im­po­tente des­es­pe­ra­ción, una as­pi­ra­ción tan sin­cera a la dul­zura y a las sim­ples ale­g­rías del amor, que des­pierta una aver­sión ins­tin­tiva contra la gue­rra. La leyenda cuen­ta, ade­más, que al­gu­nos sol­da­dos, al oírla can­tar al crepús­culo de los cam­pa­men­tos, lle­ga­ban a de­ser­tar. Es­cu­chad a la es­posa del gue­rre­ro:

«Nu­me­ro­sos son los que par­ten, ra­ros los que re­gre­san:
En los cam­pos de la ma­tan­za, la vida aven­turera del sol­dado
¡No es sino de­ma­siado se­mejante al co­lor de las hojas!»

Đặng, Trần Côn y Đoàn, Thị Điểm. Plain­tes d’une chi­nh-phou, fe­mme dont le mari part pour la gue­rre, et aut­res po­è­mes (La­men­tos de una chinh-phou, mujer cuyo ma­rido parte a la gue­rra, y ot­ros poe­ma­s), trad. del vie­tna­mita por Hoàng Xuân Nhị. Pa­rís: Stock, 1943; reed. bajo el tí­tulo Plain­tes de la fe­mme d’un gue­rrier (La­men­tos de la es­posa de un gue­rre­ro), Pa­rís: Sudes­ta­sie, 1987.

Esta en­de­cha ha lle­gado hasta no­so­t­ros gra­cias a tres figuras de excep­ción, reu­ni­das a través de los siglos: un poeta origi­nal, una tra­duc­tora de ge­nio y un in­trépido trans­mi­sor fran­cófono.

Đặng Trần Côn: El poeta original

De Đặng Trần Côn, los ana­les han con­ser­vado la imagen de un le­trado ab­so­luto. Mien­tras un toque de queda se aba­tía so­bre la capital Thăng Long (la ac­tual Ha­nó­i), el autor cavó un só­tano clan­des­tino para velar en se­creto junto a sus libros. Quién sabe si la humilde lám­para de sus no­ches de es­tudio no es la in­mor­ta­li­zada en es­tas es­tro­fas:

«[…] tal vez la lám­para me com­pren­da…
¿O tal vez la lám­para no me com­pren­de?
¿En­ton­ces sufriré yo so­la?»

Đặng, Trần Côn y Đoàn, Thị Điểm. Plain­tes d’une chi­nh-phou, fe­mme dont le mari part pour la gue­rre, et aut­res po­è­mes (La­men­tos de una chinh-phou, mujer cuyo ma­rido parte a la gue­rra, y ot­ros poe­ma­s), trad. del vie­tna­mita por Hoàng Xuân Nhị. Pa­rís: Stock, 1943; reed. bajo el tí­tulo Plain­tes de la fe­mme d’un gue­rrier (La­men­tos de la es­posa de un gue­rre­ro), Pa­rís: Sudes­ta­sie, 1987.

Las he­ri­das de un país en­ton­ces des­ga­rrado en­tre los señores del Norte y del Sur pres­ta­ron a su poe­ma, es­crito en chino clá­si­co, una jus­teza te­rrible. Se leyó y se ad­miró hasta en Chi­na. Y al­gu­nos, es­pan­ta­dos ante la ful­guran­cia de tal ta­len­to, excla­ma­ron: «Toda su in­teli­gen­cia se ma­ni­fiesta en este largo poe­ma. El autor vivirá tres años a lo sumo». Fu­nesta y ve­rídica profe­cía: Đặng Trần Côn se extin­guió tres años más tar­de, lleva­do, se­gún se mur­mura, al sui­cidio.

Đoàn Thị Điểm: La traductora de genio

La obra, a pe­sar de su va­lor, quizá nunca se hu­biera difun­dido en­tre el pueblo, de no ser por su tra­duc­ción a la len­gua na­cio­nal por Đoàn Thị Điểm, apo­dada Hồng Hà («Reflejos rosas» o «Nube rosa»)2So­bre Đoàn Thị Điểm, no te­ne­mos ot­ros da­tos que los pro­por­cio­na­dos por el do­lor de su ma­ri­do, que la lloró en una ora­ción fú­nebre:
«Agitando su pin­cel para des­cribir los pai­sajes,
Expresó sen­ti­mien­tos muy profun­dos […]
Capa­ces de con­mo­ver in­cluso a los In­mor­ta­les; […]
¡Ay! No te­nía mo­rada es­ta­ble; […]
Ca­sada solo des­pués de los trein­ta,
Dejó la tie­rra pa­sa­dos los cua­ren­ta; […]
Par­tió sin avi­sar a su an­ciana ma­dre; […]
¿No es acaso ext­raño el des­ti­no?
¿Es injusto el Cielo?…»
. Su ver­sión re­suel­ta­mente femenina —ins­pi­ra­da, si me atrevo a de­cir­lo, por las tor­men­tas del al­ma— se elevó al rango de crea­ción, ha­ciendo in­cluso a ve­ces ol­vi­dar el origi­nal de Đặng Trần Côn, ¡aun­que ya ad­mi­ra­ble en sí mis­mo! «Es de­cir hasta qué punto la poe­tisa […] po­seía a la vez to­dos los se­cre­tos de la len­gua china y de su len­gua ma­ter­na.» Ja­más an­tes el me­tro song thất lục bát («­do­ble sie­te, seis, ocho»), tan pro­pi­cio a la no­ble melan­co­lía, ha­bía sido em­pleado con tal ar­te: «Cada pa­la­bra es una lágrima, cada verso un so­llozo […] del co­ra­zón. Y se trata de un co­ra­zón en lla­mas, de un co­ra­zón en tem­pes­tad, […] de un lindo co­ra­zon­cito de mujer he­rido de muerte por la fle­cha dia­bólica del amor —y del amor más se­rio, el amor con­yugal»3Así ha­bla Trần Văn Tùng en su no­ta­ble re­co­pi­la­ción Po­é­sies d’Ext­rê­me-Orient (Poesías de Ext­remo Orien­te)..

Hoàng Xuân Nhị: El intrépido transmisor francófono

Por úl­ti­mo, unas pa­la­bras so­bre Hoàng Xuân Nhị. Pre­sente en Pa­rís en los pri­me­ros es­truen­dos de la Se­gunda Gue­rra Mun­dial, buscó en las poesías de sus ante­pa­sa­dos un men­saje univer­sal que di­rigir a una Europa en lla­mas. Su Diario des­cribe el en­tu­siasmo que un día le hizo ca­mi­nar —o más bien vo­lar— a través de la capital, de­cla­mando en voz alta como un po­se­so, como un lo­co. Los pa­ri­si­nos se da­ban la vuelta con aire diver­tido o com­pa­sivo: «¡Pobres!», pen­saba él, «se ha­brían trans­por­tado de gozo y ha­brían ol­vi­dado la tris­teza in­fi­nita de la gue­rra, si tan solo hu­bie­ran te­nido una gota de mi gran feli­ci­dad!»

¿Por qué fijó su elec­ción en los La­men­tos de la es­posa de un gue­rrero? Por­que es­ta­ban ins­critos «en [su] san­gre misma» desde la cu­na: huér­fano desde tem­prana edad, ha­bía ha­llado en «las lágrimas in­fi­nita­mente pre­cio­sas de esta mujer no­ble y tan digna de pie­dad, esta Ma­riana Al­co­forado del Ext­remo Oriente» un afecto ma­ter­nal. Tra­ducir­la, in­ter­pre­tar­la, era rea­li­zar un sueño hu­ma­nis­ta, ano­tado en su Diario el 25 de di­ciem­bre de 1940: «Una sín­te­sis origi­nal —viva so­bre to­do— de dos hu­ma­ni­da­des, de dos mun­dos: del Oriente y del Oc­ciden­te, eso es lo que he re­suelto ser, eso es lo que me es­fuerzo en ser, eso es lo que es­toy lle­gando a ser». ¡Apuesta mag­nífi­ca­mente cum­pli­da! Lo tes­ti­mo­nia la aco­gida re­ser­vada a su tra­duc­ción, que Robert Bra­si­llach4Debo pre­ci­sar que los fu­nes­tos com­promi­sos de Robert Bra­si­llach du­rante la Ocupa­ción ven­drían a contra­de­cir vio­len­ta­mente este ideal hu­ma­nista que ap­laude aquí. saludó en es­tos tér­mi­nos elogio­sos: «M. Hoàng Xuân Nhị […] ha sa­bido acer­car a no­so­t­ros […] su país. El hom­bre es uno, de un ext­remo al otro del pla­ne­ta, y, al leer las me­dita­cio­nes so­bre la fuga de los días o so­bre la gue­rra, so­bre el pla­cer de amar, so­bre la muer­te, pen­saba ya en Ca­tulo, ya en Ho­me­ro, ya en Cor­nei­lle, en Ma­llar­mé, en Va­lé­ry. Es her­moso re­cor­dar­nos es­tos nom­bres, es her­moso sa­ber unir dos cul­turas tan disími­les en apa­rien­cia, y, sin que­rer ha­cer una mez­cla im­pura, ayu­dar­las a com­pren­derse».

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《征妇吟》:从邓陈琨到黄春倪

译自法文

«不,她已将一切忘却,只念及夫君之远行。另一位神祇[非战神也]启迪着她,授她以动人的告别之辞,并以泪水浸润其双目。诚哉斯言:即便最短暂离别之苦,亦超乎情人所能承受!»

卡图卢斯。《卡图卢斯诗作全译,附伽卢斯诗作及维纳斯节守夜诗》(Traduction complète des poésies de Catulle, suivie des poésies de Gallus et de la Veillée des fêtes de Vénus),弗朗索瓦·诺埃尔(François Noël)译自拉丁文。巴黎:雷蒙(Rémont)出版社,1806年。

卡图卢斯的这些诗句,本可同样写就于一七四〇年代的越南。正是在那个动荡不安、征兵频仍的年代,《征妇吟》(Chinh phụ ngâm)1被舍弃之名称:
《丈夫赴战之妻的哀诉》(Plaintes d’une femme dont le mari est parti pour la guerre)。
《征夫之妻的哀诉》(Complainte d’une femme de guerrier)。
《征夫之妻的哀诉》(Complainte de la femme du guerrier)。
《征夫之妻的哀诉》(Complainte de la femme d’un guerrier)。
《征夫之妻的哀诉》(Plaintes de la femme du guerrier)。
《士卒之妻的哀诉》(Complainte de la femme d’un soldat)。
《士卒之妻的哀诉》(Plainte d’une femme de soldat)。
《征夫之妻的吟唱》(Le Chant de la femme d’un guerrier)。
《征夫之妻的吟唱》(Chant de la femme du guerrier)。
《征夫之妻的吟唱》(Chant de la femme du combattant)。
《征夫之妻的浪漫曲》(Romance de la femme du combattant)。
《征妇之哀,丈夫赴战之妻的哀诉》(Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guerre)。
《征妇之哀》(Les Plaintes d’une chinh-phu)。
《战时妻子之吟诵》(Scansion d’une femme de guerre)。
《丈夫赴战之妻的吟诵》(Scansion d’une femme dont le mari est à la guerre)。
《征夫之妻的哀诉》(La Complainte de l’épouse du guerrier)。
《征夫之妻的哀诉》(La Complainte de l’épouse du combattant)。
《征夫之妻(挽歌)》(Femme de guerrier (élégie))。
《征妇(吟曲)》(Chinh phụ (ngâm khúc))。
应运而生。在战鼓的隆隆声中,响起了一位年轻越南女子的哀泣——她的丈夫奔赴前线,迟迟不归,终未归来。«所有的悲伤,所有的反抗,[……]所有等待中的焦虑,皆以无可比拟之精微表达出来。»这是一首私密的哀歌,而非一篇檄文。然而,它却带着如此无可奈何的绝望之音,带着对温柔与爱情简朴欢乐如此真挚的向往,以至于它本能地唤起人们对战争的厌恶。传说有些士兵,在营地暮色中听到这首吟唱,竟至弃甲而逃。请听这位征妇所言:

«去者众,归者寡:
沙场之上,士卒之险危人生
何其酷似落叶之色!»

邓陈琨与段氏点。《征妇吟,出征者之妻的哀诉,及其他诗作》(Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guerre, et autres poèmes),黄春倪译自越南文。巴黎:斯托克(Stock)出版社,1943年;后以《征妇之哀》(Plaintes de la femme d’un guerrier)为题再版,巴黎:东南亚出版社(Sudestasie),1987年。

这首哀歌,经由三位非凡人物穿越数个世纪而传至我们手中:一位原创诗人,一位天才译者,以及一位无畏的法语桥梁人。

邓陈琨:原创诗人

关于邓陈琨,史册留下的是一位极致文人的形象。当宵禁笼罩京城升龙(今河内)之时,这位作者掘地为穴,以便夜深人静之际秘密研读典籍。谁知道他那钻研之夜的微弱灯火,是否正是被这些诗节所永恒铭记的那一盏:

«[……]或许灯儿懂我心……
抑或灯儿不懂我?
难道唯我独自承受此苦?»

邓陈琨与段氏点。《征妇吟,出征者之妻的哀诉,及其他诗作》(Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guerre, et autres poèmes),黄春倪译自越南文。巴黎:斯托克(Stock)出版社,1943年;后以《征妇之哀》(Plaintes de la femme d’un guerrier)为题再版,巴黎:东南亚出版社(Sudestasie),1987年。

当时这个国家在南北诸侯之间分崩离析的创伤,赋予了他这首以古汉语写就的诗作一种可怖的真切。它被读、被仰慕,直至中国境内。而某些人,被如此才华的灿烂所惊骇,惊呼道:«他全部的智慧都体现在这首长诗之中。作者最多还能再活三年。»这是不祥而又应验的预言:邓陈琨三年后辞世,据传是被逼至自尽。

段氏点:天才译者

这部作品,尽管价值非凡,若非段氏点——号红霞(«玫瑰之影»或«粉红云霞»)2关于段氏点,我们除了她丈夫在悼词中所流露之悲痛之外,无其他资料:
«她挥动笔毫描绘风景,
抒发深沉至极之情感[……]
足以感动天上之仙人;[……]
唉!她未有安稳之居所;[……]
三十之后方才出嫁,
四十出头便已离世;[……]
她离去时未告知年迈之母;[……]
岂非命运之奇异?
天道莫非不公?……»
——将其译为民族语言,或许永远无法在民众中传扬。她那决然女性化的译本——若我可以说,是受灵魂之风暴所启迪——跃升至创作之境,有时甚至使邓陈琨已然令人赞叹的原作黯然失色!«这足见女诗人[……]同时掌握了汉语及其母语的所有奥秘。»此前从未有人以如此精湛的技艺运用«双七六八»(song thất lục bát)这一格律——它如此适合表达高贵的忧郁:«字字皆泪,句句皆心头之呜咽。这是一颗火焰之心,一颗风暴之心,[……]一颗女子之娇小心灵,被爱情之恶箭——而且是最严肃之爱情,夫妻之爱——刺至濒死»3陈文松(Trần Văn Tùng)在其卓越的文集《远东诗作》(Poésies d’Extrême-Orient)中如是说。

黄春倪:无畏的法语桥梁人

最后,关于黄春倪略陈数语。他在第二次世界大战初次的轰鸣中身处巴黎,在祖辈的诗篇中寻觅一则普世的讯息,以告诸火光中的欧洲。他的《日记》描述了那种使他某日如痴如狂、似魂附体般高声吟诵着穿越——或者说飞越——首都的兴奋之情。巴黎人或带笑意或带怜悯地回头注视:«可怜的人们!»他思忖道,«他们若能尝到我巨大幸福之一滴,定会狂喜不已,定会忘却战争无尽的悲伤!»

他为何独独选中了《征妇吟》?那是因为这部作品自摇篮时代起便铭刻于«[他]血脉之中»:他幼年丧亲,在«这位高贵而又如此可怜的女子——这位远东的玛丽安娜·阿尔科福拉多——那无比珍贵的眼泪»中找到了母性的慈爱。翻译她、阐释她,便是实现一个人文主义的梦想,他在《日记》一九四〇年十二月二十五日的条目中记下:«两种人性、两个世界——东方与西方——之独特而尤为生动的综合,这便是我决意成为的,这便是我努力成为的,这便是我正在成为的»。这一誓言被辉煌地履行了!其译本所受到的礼遇便是明证,罗贝尔·布拉西亚克(Robert Brasillach)4我须指出,罗贝尔·布拉西亚克在占领时期之不祥承诺,将与他在此处所赞颂之人文主义理想形成强烈之矛盾。以这般赞誉之辞褒扬之:«黄春倪先生[……]能够将他的国度[……]带至我们身边。人是一体的,从地球的此端至彼端,在阅读那些关于光阴流逝、关于战争、关于爱之欢愉、关于死亡的沉思之时,我时而想起卡图卢斯,时而想起荷马,时而想起高乃依、马拉美、瓦莱里。能让我们忆及这些名字,何其美哉;能将外表如此迥异的两种文化结合起来——而又不愿造作出不纯之混合——并助其相互理解,何其美哉»。

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Lament of a War­rior’s Wife: From Đặng Trần Côn to Hoàng Xuân Nhị

Trans­lated from French

No, she has for­got­ten ev­ery­thing, think­ing only of her hus­band’s de­par­ture. An­other god [than the god of war] in­spires her, dic­tates her touch­ing farewells and bathes her eyes in tears. So true is it that the tor­ments of the briefest ab­sence ex­ceed the strength of lovers!

Cat­ul­lus. Tra­duc­tion com­plète des poésies de Cat­ulle, suivie des poésies de Gal­lus et de la Veil­lée des fêtes de Vénus (Com­plete Trans­la­tion of the Po­etry of Cat­ul­lus, Fol­lowed by the Po­etry of Gal­lus and the Vigil of the Feast of Venus), trans. from the Latin by François Noël. Paris: Ré­mont, 1806.

These verses by Cat­ul­lus could just as well have been writ­ten in the Viet­nam of the 1740s. It was dur­ing this trou­bled pe­ri­od, marked by mil­i­tary con­scrip­tion, that the Lament of a War­rior’s Wife (Chinh phụ ngâm)1Re­jected forms:
Plaintes d’une femme dont le mari est parti pour la guerre (La­ments of a Woman Whose Hus­band Has Gone to War).
Com­plainte d’une femme de guer­rier (La­ment of a War­rior’s Wife).
Com­plainte de la femme du guer­rier (La­ment of the War­rior’s Wife).
Com­plainte de la femme d’un guer­rier (La­ment of a War­rior’s Wife).
Plaintes de la femme du guer­rier (La­ments of the War­rior’s Wife).
Com­plainte de la femme d’un sol­dat (La­ment of a Sol­dier’s Wife).
Plainte d’une femme de sol­dat (La­ment of a Sol­dier’s Wife).
Le Chant de la femme d’un guer­rier (The Song of a War­rior’s Wife).
Chant de la femme du guer­rier (Song of the War­rior’s Wife).
Chant de la femme du com­bat­tant (Song of the Com­bat­an­t’s Wife).
Ro­mance de la femme du com­bat­tant (Ro­mance of the Com­bat­an­t’s Wife).
Plaintes d’une chin­h-phou, femme dont le mari part pour la guerre (La­ments of a Chin­h-Phou, a Woman Whose Hus­band De­parts for War).
Les Plaintes d’une chin­h-phu (The Laments of a Chin­h-Phu).
Scan­sion d’une femme de guerre (S­can­sion of a Woman of War).
Scan­sion d’une femme dont le mari est à la guerre (S­can­sion of a Woman Whose Hus­band Is at War).
La Com­plainte de l’épouse du guer­rier (The Lament of the War­rior’s Wife).
La Com­plainte de l’épouse du com­bat­tant (The Lament of the Com­bat­an­t’s Wife).
Femme de guer­rier (élégie) (Wife of a War­rior [El­e­gy]).
Chinh phụ (ngâm khúc).
was com­posed. Amid the rolling of drums rise the tears of a young Viet­namese wom­an, whose hus­band, gone to the front, is slow in re­turn­ing—and never re­turns. “All the sad­ness, all the re­volt, […] all the an­guish of wait­ing is ex­pressed there with in­com­pa­ra­ble re­fine­ment.” It is an in­ti­mate el­e­gy, not a pam­phlet. And yet it strikes such a note of help­less de­spair, such a sin­cere yearn­ing for the gen­tle­ness and sim­ple joys of love, that it awak­ens an in­stinc­tive aver­sion to war. Leg­end has it, in­deed, that some sol­diers, hear­ing it sung at twi­light in the camps, would desert. Lis­ten to the war­rior’s wife:

Many are those who de­part, few are those who re­turn:
On the fields of car­nage, the sol­dier’s ad­ven­tur­ous life
Is all too like the color of leaves!

Đặng, Trần Côn and Đoàn, Thị Điểm. Plaintes d’une chin­h-phou, femme dont le mari part pour la guer­re, et autres poèmes (La­ments of a Chin­h-Phou, a Woman Whose Hus­band De­parts for War, and Other Po­em­s), trans. from the Viet­namese by Hoàng Xuân Nhị. Paris: Stock, 1943; reis­sued as Plaintes de la femme d’un guer­rier (La­ment of a War­rior’s Wife), Paris: Sud­estasie, 1987.

This lament has been borne down to us by three ex­cep­tional fig­ures, brought to­gether across the cen­turies: an orig­i­nal po­et, a trans­la­tor of ge­nius, and an in­trepid fran­co­phone in­ter­preter.

Đặng Trần Côn: The Original Poet

Of Đặng Trần Côn, the an­nals have pre­served the im­age of an ab­so­lute man of let­ters. When a cur­few de­scended upon the cap­i­tal Thăng Long (p­re­sen­t-day Hanoi), the au­thor dug a clan­des­tine cel­lar in or­der to keep se­cret vigil with his books. Who knows whether the hum­ble lamp of his stu­dious nights is not the very one im­mor­tal­ized in these stan­zas:

[…] per­haps the lamp un­der­stands me…
Or does the lamp not un­der­stand me?
Then I shall suf­fer alone?

Đặng, Trần Côn and Đoàn, Thị Điểm. Plaintes d’une chin­h-phou, femme dont le mari part pour la guer­re, et autres poèmes (La­ments of a Chin­h-Phou, a Woman Whose Hus­band De­parts for War, and Other Po­em­s), trans. from the Viet­namese by Hoàng Xuân Nhị. Paris: Stock, 1943; reis­sued as Plaintes de la femme d’un guer­rier (La­ment of a War­rior’s Wife), Paris: Sud­estasie, 1987.

The wounds of a coun­try then torn be­tween the lords of the North and the South lent his po­em, writ­ten in clas­si­cal Chi­ne­se, a ter­ri­ble apt­ness. It was read and ad­mired as far as Chi­na. And some, alarmed by the bril­liance of such tal­ent, ex­claimed: “All his in­tel­li­gence is man­i­fest in this long po­em. The au­thor will live three years more at most.” A grim and truth­ful prophe­cy: Đặng Trần Côn died three years lat­er, driven, it is whis­pered, to sui­cide.

Đoàn Thị Điểm: The Translator of Genius

The work, de­spite its mer­it, might never have spread among the peo­ple, had it not been for its trans­la­tion into the na­tional lan­guage by Đoàn Thị Điểm, called Hồng Hà (“Rosy Re­flec­tions” or “Rosy Cloud”)2Of Đoàn Thị Điểm we have no in­for­ma­tion other than that sup­plied by the grief of her hus­band, who mourned her in a fu­neral ora­tion:
Ply­ing her brush to de­pict land­scapes,
She gave voice to feel­ings of great depth […]
Ca­pa­ble of mov­ing even the Im­mor­tals; […]
Alas! She had no set­tled abode; […]
Wed only past her thir­ti­eth year,
She left this earth past her for­ti­eth; […]
She de­parted with­out fore­warn­ing her aged moth­er; […]
Is fate not strange?
Is Heav­en, then, un­just?…
. Her res­o­lutely feminine ver­sion—in­spired, if I may say, by the storms of the soul—rose to the rank of orig­i­nal cre­ation, some­times even eclips­ing Đặng Trần Côn’s source text, ad­mirable as it al­ready was! “This shows to what de­gree the po­et­ess […] pos­sessed all the se­crets both of the Chi­nese lan­guage and of her na­tive tongue.” Never be­fore had the song thất lục bát me­ter (“­dou­ble sev­en, six, eight”), so well suited to no­ble melan­choly, been em­ployed with such art: “Each word is a tear, each verse a sob […] from the heart. And it is a heart in flames, a heart in tem­pest, […] the pretty lit­tle heart of a woman wounded unto death by the di­a­bol­i­cal ar­row of love—and of the most se­ri­ous love, con­ju­gal love.3Thus speaks Trần Văn Tùng in his re­mark­able col­lec­tion Poésies d’Ex­trême-Ori­ent (Po­ems of the Far East).

Hoàng Xuân Nhị: The Intrepid Francophone Interpreter

A few words, fi­nal­ly, on Hoàng Xuân Nhị. Present in Paris at the first thun­der of the Sec­ond World War, he sought in the po­etry of his an­ces­tors a uni­ver­sal mes­sage to ad­dress to a Eu­rope in flames. His Journal de­scribes the en­thu­si­asm that one day made him walk—or rather fly­—across the cap­i­tal, de­claim­ing aloud like a man pos­sessed, like a mad­man. Parisians turned around with amused or pity­ing looks: “Poor things!” he thought, “they would have been trans­ported with de­light and would have for­got­ten the in­fi­nite sad­ness of the war, had they but a drop of my great hap­pi­ness!

Why did he set­tle his choice upon the Lament of a War­rior’s Wife? Be­cause it was in­scribed “in [his] very blood” from the cradle: or­phaned ear­ly, he had found in “the in­fin­itely pre­cious tears of that no­ble and so pitiable wom­an, that Mar­i­ana Al­co­forado of Far Asia” a ma­ter­nal af­fec­tion. To trans­late her, to in­ter­pret her, was to ful­fill a hu­man­ist dream, set down in his Journal on De­cem­ber 25, 1940: “An orig­i­nal syn­the­sis—above all, a liv­ing one—of two hu­man­i­ties, of two worlds: of the East and the West, that is what I have re­solved to be, that is what I strive to be, that is what I am in the process of be­ing.” A pledge mag­nif­i­cently kept! Wit­ness the re­cep­tion ac­corded his trans­la­tion, which Robert Brasil­lach4I must note that Robert Brasil­lach’s calami­tous com­mit­ments un­der the Oc­cu­pa­tion would come to con­tra­dict, with vi­o­lence, the hu­man­ist ideal he ap­plauds here. hailed in these lauda­tory terms: “Mr. Hoàng Xuân Nhị […] has been able to bring his coun­try closer to us […]. Man is one, from one end of the planet to the oth­er, and, in read­ing the med­i­ta­tions on the flight of days or on war, on the plea­sure of lov­ing, on death, I thought now of Cat­ul­lus, now of Homer, now of Corneille, of Mal­lar­mé, of Valéry. It is fine to be re­minded of these names, fine to know how to unite two cul­tures so dis­sim­i­lar in ap­pear­ance, and, with­out seek­ing any im­pure mix­ture, to help them un­der­stand each oth­er.

Mappemonde mettant en évidence le Vietnam et la France.

Les Plaintes de la femme d’un guer­rier : De Đặng Trần Côn à Hoàng Xuân Nhị

« Non, elle a tout ou­blié, pour ne son­ger qu’au dé­part de son époux. Un autre dieu [que ce­lui de la guer­re] l’ins­pi­re, lui dicte de tou­chants adieux et baigne ses yeux de larmes. Tant il est vrai que les tour­ments de la plus courte ab­sence passent les forces des amants ! »

Ca­tulle. Tra­duc­tion com­plète des poé­sies de Ca­tul­le, sui­vie des poé­sies de Gal­lus et de la Veillée des fêtes de Vé­nus, trad. du la­tin par François Noël. Pa­ris : Ré­mont, 1806.

Ces vers de Ca­tulle au­raient tout aussi bien pu être écrits dans le Viet­nam des an­nées 1740. C’est en cette époque trou­blée, marquée par des le­vées de trou­pes, qu’ont été com­po­sées les Plaintes de la femme d’un guer­rier (Chinh phụ ngâm)1Formes reje­tées :
Plaintes d’une femme dont le mari est parti pour la guerre.
Com­plainte d’une femme de guer­rier.
Com­plainte de la femme du guer­rier.
Com­plainte de la femme d’un guer­rier.
Plaintes de la femme du guer­rier.
Com­plainte de la femme d’un sol­dat.
Plainte d’une femme de sol­dat.
Le Chant de la femme d’un guer­rier.
Chant de la femme du guer­rier.
Chant de la femme du com­bat­tant.
Ro­mance de la femme du com­bat­tant.
Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guerre.
Les Plaintes d’une chinh-phu.
Scan­sion d’une femme de guerre.
Scan­sion d’une femme dont le mari est à la guerre.
La Com­plainte de l’épouse du guer­rier.
La Com­plainte de l’épouse du com­bat­tant.
Femme de guer­rier (é­lé­gie).
Chinh phụ (n­gâm khúc).
. Au mi­lieu du rou­le­ment des tam­bours s’élèvent les pleurs d’une jeune Viet­na­mien­ne, dont le ma­ri, parti au front, tarde à re­ve­nir et ne re­vient pas. « Toute la tris­tes­se, toute la ré­vol­te, […] toute l’an­goisse de l’at­tente y est ex­pri­mée avec un in­com­pa­rable raf­fi­ne­ment ». C’est une élé­gie in­ti­mis­te, et non un pam­phlet. Pour­tant, elle prend un tel ac­cent d’im­puis­sant déses­poir, une as­pi­ra­tion si sin­cère à la dou­ceur et aux simples joies de l’amour, qu’elle éveille une aver­sion ins­tinc­tive contre la guerre. La lé­gende dit d’ailleurs que cer­tains sol­dats, l’en­ten­dant chan­ter au cré­pus­cule des cam­pe­ments, en ve­naient à dé­ser­ter. Écou­tez la femme du guer­rier :

« Nom­breux sont ceux qui par­tent, rares ceux qui re­viennent :
Sur les champs de car­na­ge, la vie aven­tu­reuse du sol­dat
N’est que trop sem­blable à la cou­leur des feuilles ! »

Đặng, Trần Côn et Đoàn, Thị Điểm. Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guer­re, et autres poèmes, trad. du viet­na­mien par Hoàng Xuân Nhị. Pa­ris : Sto­ck, 1943 ; ré­éd. sous le titre Plaintes de la femme d’un guer­rier, Pa­ris : Su­des­ta­sie, 1987.

Cette com­plainte a été por­tée jusqu’à nous par trois fi­gures d’ex­cep­tion, réunies par-delà les siècles : un poète ori­gi­nel, une tra­duc­trice de gé­nie et un in­tré­pide pas­seur fran­co­phone.

Đặng Trần Côn : Le poète originel

De Đặng Trần Côn, les an­nales ont gardé l’image d’un let­tré ab­so­lu. Alors qu’un couvre-feu s’était abattu sur la ca­pi­tale Thăng Long (l’ac­tuelle Ha­noï), l’au­teur creusa une cave clan­des­tine afin de veiller en se­cret au­près de ses livres. Qui sait si l’­humble lampe de ses nuits stu­dieuses n’est pas celle im­mor­ta­li­sée dans ces strophes :

« […] peut-être la lampe me com­prend-el­le…
Ou la lampe ne me com­prend-elle pas ?
Alors je se­rai seule à souf­frir ? »

Đặng, Trần Côn et Đoàn, Thị Điểm. Plaintes d’une chinh-phou, femme dont le mari part pour la guer­re, et autres poèmes, trad. du viet­na­mien par Hoàng Xuân Nhị. Pa­ris : Sto­ck, 1943 ; ré­éd. sous le titre Plaintes de la femme d’un guer­rier, Pa­ris : Su­des­ta­sie, 1987.

Les meur­tris­sures d’un pays alors dé­chiré entre les sei­gneurs du Nord et du Sud prê­tèrent à son poè­me, écrit en chi­nois clas­sique, une jus­tesse ter­rible. On le lut et on l’ad­mira jusqu’en Chine. Et quelques-uns, ef­frayés par la ful­gu­rance d’un tel ta­lent, s’ex­cla­mèrent : « Toute son in­tel­li­gence se ma­ni­feste dans ce long poème. L’au­teur vi­vra en­core trois ans tout au plus ». Fu­neste et vé­ri­dique pro­phé­tie : Đặng Trần Côn s’étei­gnit trois ans plus tard, ac­cu­lé, mur­mure-t-on, au sui­cide.

Đoàn Thị Điểm : La traductrice de génie

L’œu­vre, en dé­pit de sa va­leur, ne se se­rait peut-être ja­mais ré­pan­due parmi le peu­ple, n’eût été sa tra­duc­tion en langue na­tio­nale par Đoàn Thị Điểm, sur­nom­mée Hồng Hà (« Re­flets roses » ou « Nuage rose »)2Sur Đoàn Thị Điểm, nous n’avons d’autres ren­sei­gne­ments que ceux four­nis par la dou­leur de son mari qui la pleura dans une orai­son fu­nèbre :
« En agi­tant son pin­ceau pour dé­crire les pay­sa­ges,
Elle ex­prima des sen­ti­ments très pro­fonds […]
Ca­pables d’émou­voir même les Im­mor­tels ; […]
Hé­las ! Elle n’avait pas de de­meure stable ; […]
Ma­riée seule­ment après la tren­tai­ne,
Elle quitta la terre la qua­ran­taine pas­sée ; […]
Elle par­tit sans aver­tir sa vieille mère ; […]
N’est-ce pas que le des­tin est bi­zarre ?
Le Ciel est-il donc injuste ?… »
. Sa ver­sion ré­so­lu­ment féminine — ins­pi­rée, si j’ose di­re, des orages de l’âme — se hissa au rang de créa­tion, fai­sant même quelque­fois ou­blier l’ori­gi­nal de Đặng Trần Côn, pour­tant déjà ad­mi­rable ! « C’est dire à quel point la poé­tesse […] pos­sé­dait à la fois tous les se­crets de la langue chi­noise et de son par­ler na­tal. » Ja­mais au­pa­ra­vant le mètre song thất lục bát (« double sept, six, huit »), si pro­pice à la noble mé­lan­co­lie, n’avait été em­ployé avec un tel art : « Chaque mot est une lar­me, chaque vers un san­glot […] du cœur. Et il s’agit d’un cœur en flam­me, d’un cœur en tem­pê­te, […] d’un joli pe­tit cœur de femme blessé à mort par la flèche dia­bo­lique de l’amour — et de l’amour le plus sé­rieux, l’amour conju­gal »3Ainsi parle Trần Văn Tùng dans son re­marquable re­cueil Poé­sies d’Ex­trême-Orient..

Hoàng Xuân Nhị : L’intrépide passeur francophone

En­fin, quelques mots sur Hoàng Xuân Nhị. Pré­sent à Pa­ris aux pre­miers fra­cas de la Se­conde Guerre mon­dia­le, il cher­cha dans les poé­sies de ses aïeux un mes­sage uni­ver­sel à adres­ser à une Eu­rope en flammes. Son Journal dé­crit l’en­thou­siasme qui le fit, un jour, mar­cher — ou plu­tôt vo­ler — à tra­vers la ca­pi­ta­le, dé­cla­mant à haute voix tel un pos­sé­dé, tel un fou. Les Pa­ri­siens se re­tour­naient d’un air amusé ou api­toyé : « Les pauvres ! », pen­sait-il, « ils au­raient été trans­por­tés d’aise et au­raient ou­blié la tris­tesse in­fi­nie de la guer­re, s’ils avaient eu seule­ment une goutte de mon grand bon­heur ! »

Pourquoi ar­rê­ta-t-il son choix sur les Plaintes de la femme d’un guer­rier ? C’est qu’elles étaient ins­crites « en [son] sang même » de­puis le ber­ceau : or­phe­lin de bonne heu­re, il avait trouvé dans « les larmes in­fi­ni­ment pré­cieuses de cette femme noble et si pi­toya­ble, cette Ma­rianne Al­co­fo­rado d’Ex­trême-Asie » une af­fec­tion ma­ter­nelle. La tra­dui­re, l’in­ter­pré­ter, c’était réa­li­ser un rêve hu­ma­nis­te, noté dans son Journal à la date du 25 dé­cembre 1940 : « Une syn­thèse ori­gi­nale — vi­vante sur­tout — de deux hu­ma­ni­tés, de deux mondes : de l’Orient et de l’Oc­ci­dent, c’est ce que j’ai ré­solu d’être, c’est ce que je m’ef­force d’être, c’est ce que je suis en train d’être ». Pari ma­gni­fique­ment tenu ! En té­moigne l’ac­cueil ré­servé à sa tra­duc­tion, que Ro­bert Bra­sillach4Je dois pré­ci­ser que les en­ga­ge­ments fu­nestes de Ro­bert Bra­sillach sous l’Oc­cu­pa­tion vien­dront vio­lem­ment contre­dire cet idéal hu­ma­niste qu’il ap­plau­dit ici. sa­lua en ces termes élo­gieux : « M. Hoàng Xuân Nhị […] a su rap­pro­cher de nous […] son pays. L’­homme est un, d’un bout à l’autre de la pla­nè­te, et, à lire les mé­di­ta­tions sur la fuite des jours ou sur la guer­re, sur le plai­sir d’ai­mer, sur la mort, je pen­sais tan­tôt à Ca­tul­le, tan­tôt à Ho­mè­re, tan­tôt à Cor­neille, à Mal­lar­mé, à Va­lé­ry. Il est beau de nous rap­pe­ler ces noms, il est beau de sa­voir unir deux cultures aussi dis­sem­blables d’ap­pa­ren­ce, et, sans vou­loir faire de mé­lange im­pur, de les ai­der à se com­prendre ».