Akutagawa Ryûnosuke, o la belleza de la mirada última

Tra­ducido del fran­cés

«Una vaga in­quie­tud. » (Bo­n’yari shita fuan.) Es­tas pa­la­bras, tra­za­das a la ca­rrera por Akutagawa Ryû­no­suke1For­mas re­cha­za­das:
Acutagawa Ryu­no­su­che.
Akutagawa Riu­no­ské.
Akoutagawa Ryu­no­so­uké.
Akoutagaoua Ryou­no­so­uké.
Akoutagava Ryou­no­so­uke.
an­tes de ab­sor­ber el ve­neno al alba del 24 de julio de 1927, son como la llave de to­dos sus es­critos. Te­nía treinta y cinco años. Dejaba tras de sí unos ciento cin­cuenta rela­tos donde « el es­plen­dor del arte y los tor­men­tos de la exis­ten­cia cons­pi­ran para dar a su obra un aura inimita­ble »2Zhao Yujiao, en su tra­duc­ción de Ras­hômon: se­lec­ción de rela­tos de Akutagawa Ryû­no­suke (罗生门:芥川龙之介短篇小说选), Kun­ming: Edi­cio­nes Po­pula­res de Yun­nan, 2015. Trad. del chino por mí. — y el es­tupor de un Japón que pre­sen­tía os­cura­men­te, en esa muer­te, el fin de una épo­ca.

En la casa de Hades

Mu­chos ja­po­ne­ses cul­ti­va­dos han atrave­sa­do, en su juven­tud, un pe­ríodo fuer­te­mente mar­cado por este es­critor dis­cre­ta­mente in­telec­tual, teñido de una iro­nía des­preo­cupa­da, pero que, bajo apa­rien­cias des­en­vuel­tas, di­simula mal algo ner­vio­so, in­quie­to, mal ase­gura­do, se­mejante a esas cor­te­sa­nas cuya son­risa afa­ble no logra velar el ma­les­tar que rezuma en su fuero in­terno y que, en un mo­mento da­do, irrumpe en la super­fi­cie de la exis­ten­cia para su­mer­gir­la. Así, desde su sui­cidio enig­má­ti­co, el alma de Akutagawa ronda las le­tras ja­po­nesas. Endô Shûs­aku re­fiere este sueño ob­se­sivo:

« Me ha­llaba en una ha­bita­ción os­cura, frente a Akutagawa Ryû­no­suke. Se man­te­nía ante mí sin de­cir pa­la­bra, la ca­beza ga­cha y los bra­zos cruza­dos so­bre su kimono raído de co­lor gris. Se levantó brus­ca­men­te, apartó el es­tor de bambú que te­nía de­trás y pe­ne­tró en la ha­bita­ción con­ti­gua. Yo sa­bía que se tra­taba del mundo de los muer­tos. […] Fue en­ton­ces cuando des­per­té. ¿Por qué te­nía yo con tanta fre­cuen­cia sueños tan mór­bi­dos? A mi la­do, mi es­posa dor­mía apa­cible­men­te. »

En­dô, Shûs­aku, Une fe­mme no­mmée Shizu : no­uve­lles (Una mujer lla­mada Shizu: rela­tos), trad. del ja­po­nés por Minh Nguyen-Mor­d­vi­no­ff, Pa­rís: De­no­ël, col. « Em­preinte », 1997.

¿Cómo no pen­sar en la Ilíada, cuando Aqui­les ve en sueños la som­bra de Pa­tro­clo y tiende los bra­zos para asir­la, en va­no: « El alma ha­bía des­apa­re­cido bajo tie­rra, como un humo […] / ¡Ay! hay, pues, in­cluso en la casa de Ha­des, / Un al­ma, o bien una som­bra »? Así re­gresa Akutagawa, som­bra fa­mi­liar, en la me­mo­ria de un pueblo que se niega a dejarlo des­apa­re­cer por en­tero en la casa de Ha­des.

Bajo el signo del Dragón

« A Akutagawa se le puso por nom­bre Ryû­no­suke, “Hijo del Dragón”, pues ha­bía na­cido el 1 de marzo de 1892 a la hora del Dragón, el día del Dragón, el mes del Dragón del año del Dragón. »3Ri­chard Co­lla­sse, Dic­tion­naire amo­ureux du Ja­pon (Dic­cio­na­rio ena­mo­rado de Japón), en­trada « Akutagawa Ryū­no­suke ». La de­men­cia de su ma­dre, cuando él no cuenta más que unos me­s­es, le lega más bien el te­rror de una he­ren­cia mal­dita. El niño es re­co­gido por la fa­mi­lia ma­ter­na, an­ti­guo li­naje de ser­vi­do­res del shogu­na­to, que lo nutre con los clá­si­cos chi­nos y ja­po­ne­ses. La co­li­sión de ese Oriente tra­di­cio­nal con el Oc­cidente con­tem­po­rá­neo — Mé­rimée, Ana­tole Fran­ce, Poe, etc. — hace de él « [un] hom­bre des­ga­rra­do, dividi­do, des­cuar­tiza­do; [un] hom­bre do­ble y contra­dic­torio »4Claude Roy, en su prefa­cio a Ras­hômon et aut­res con­tes (Ras­hômon y ot­ros cuen­tos).. Esa difi­cul­tad de ser, co­mún a su ge­ne­ra­ción, sus rela­tos la pre­ci­sa­rán y la am­plifi­ca­rán hasta una suerte de ob­se­sión. Sin em­bar­go, de to­dos los es­critores ja­po­nes­es, nin­guno es­taba mejor dis­puesto que Akutagawa a ha­llar refugio en el ar­te. Se des­cribía a sí mismo como lec­tor, en­ca­ra­mado en la es­ca­lera de una libre­ría, midiendo con la mi­rada desde allá arriba la pe­queñez de los ven­de­do­res y de los clien­tes que se afa­na­ban en­tre los es­tan­tes: « La vida hu­mana no vale ni siquiera un verso de Baudelaire » (Jin­sei wa ichi­gyô no Bô­do­rêru ni mo shika­nai), de­cía.

El deslumbrante juego del titiritero

Akutagawa se ha­bía im­puesto a los vein­ti­cua­tro años como el prín­cipe del relato breve. Dis­cípulo pre­di­lecto de Na­tsume Sôseki, ha­bía sido in­cluso con­side­rado como yerno del ma­es­tro. Sus rela­tos lla­ma­dos « his­tóri­cos » — Rashômon, En el bos­que (Yabu no naka), etc. —, donde en­tre­mez­cla un spleen re­suel­ta­mente mo­derno « [a] las vo­ces que lloran, [a] las vo­ces que ríen » del viejo Japón, siguen siendo los más célebres. Lo que en ellos se ad­mira no es la exac­ti­tud del his­toria­dor, sino los muñe­cos bur­les­cos, las ma­rio­ne­tas hela­do­ras del fe­rian­te, que hace dan­zar al cabo de hi­los in­vi­sibles me­diante « [su] erudi­ción fas­tuosa, [su] sen­sibi­li­dad agudí­sima, [su] sen­tido in­nato del drama »5Geor­ges Bon­neau, His­toire de la litté­ra­ture ja­po­naise con­tem­po­ra­ine (1868-1938) (His­toria de la lite­ra­tura ja­po­nesa con­tem­po­rá­nea (1868-1938)).:

« El mundo en­tero
Me­tido en una caja
El ti­ti­ritero »
(Yo no naka wa / Hako ni ire­tari / Kai­raishi)

Chava­nes, Edwige de, « Akutagawa Ryū­no­suke (1892-1927) ». En Ci­néma et litté­ra­ture au Ja­pon : de l’ère Meiji à nos jours (Cine y lite­ra­tura en Japón: de la era Meiji a nues­tros días), bajo la dir. de Max Tes­sier, Pa­rís: Cen­tre G. Pom­pi­dou, col. « Ci­néma sin­gulier », 1986, p. 44-45.

Jean-Ja­cques Origas co­men­ta: « El autor pa­re­cía es­ca­bu­llir­se: ¿no ha­bía in­ti­tulado acaso re­co­pi­la­cio­nes de rela­tos El ti­ti­ritero [Kairaishi] y Ca­rru­sel de som­bras [Kagetôrô]? Y, sin em­bar­go, el lec­tor per­cibía su pre­sen­cia en cada lí­nea ». Ese tea­tro de som­bras al­canza su colmo en Figuras in­fer­na­les (Jigokuhen), donde el pin­tor Yos­hi­hidé, para cul­mi­nar su fres­co, con­tem­pla a su pro­pia hija ar­der viva ante sus ojos, y luego se ahor­ca. Es que el arte con­sumado se ase­meja a la llama que exige un ali­mento vivo. Y Akutagawa pon­drá un punto de ho­nor en ha­cerse su víc­tima vo­lun­ta­ria.

En mártir del arte

« De pronto [el ti­ti­rite­ro] apa­re­ció en per­so­na, en­tre los de­co­ra­dos de la vida real. Y, en obras a me­nudo des­ga­rra­do­ras, des­cribió […] las ob­se­sio­nes que, poco a po­co, lo asal­ta­ron y que ha­brían de arreba­tar­lo. » En 1927, la de­sin­te­gra­ción de su ra­zón bajo ob­se­sio­nes mór­bi­das, delei­tes mo­ro­sos dicta sus úl­ti­mas obras ma­es­tras: se hace risa bur­lona con Kappa, aluci­na­ción con Engranaje (Haguruma), locura con La vida de un idiota (Aru ahô no isshô). « Soy, des­pués de to­do, el hijo de una loca », con­fía en la Carta a un viejo amigo (Aru kyûyû e okuru shuki), re­dac­tada en la vís­pera de su muer­te. Y aña­de: « Tal vez te rías de la contra­dic­ción en que me en­cuen­tro, yo que, aun amando la be­lleza de la na­tura­leza, de­cido suprimir­me. Pero la na­tura­leza es be­lla por­que se refleja en mi mi­rada úl­ti­ma… » Kawa­bata Ya­su­nari supo expre­sar lo trágico de esa in­can­des­cen­cia fi­nal: « Las más de las ve­ces en­fer­mizo y debi­lita­do, [se] in­flama en el úl­timo ins­tante an­tes de extin­guirse del to­do. »6Kawa­bata Ya­su­na­ri, La mi­rada úl­tima (Ma­tsugo no me), inédito en fran­cés. Así se extin­guió el Hijo del Dragón, már­tir del ar­te, la Biblia abier­ta, al son de la lluvia que caía. Shiga Nao­ya, al en­te­rarse de su muer­te, tuvo esta fór­mula de una ad­mi­ra­ble con­ten­ción: « No po­día ha­cer otra co­sa. »


Para ir más lejos

En torno a « A mitad del camino de la vida de Shinsuke Daidôji »

Citas

« Shin­suke ha­bía odiado aque­lla mi­se­ria. No, aún hoy con­serva en el fondo de su co­ra­zón un eco del odio de aquel tiem­po, im­bo­rra­ble. No po­día com­prar libros, ni asis­tir a los cur­sos de ve­ra­no, ni lle­var un abrigo nuevo. Pero sus com­pa­ñe­ros goza­ban de to­dos esos privi­le­gios. Los ha­bía en­vidia­do. E in­clu­so, a ve­ces, cela­do. Esa en­vidia, esos celos, se ne­gaba sin em­bargo a ad­mitir­los. Por­que no sen­tía sino des­pre­cio por sus capa­ci­da­des in­telec­tua­les. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « À mi-che­min de la vie de Shin­suke Daidôji : ta­bleau d’une psy­cho­logie » (« A mitad del ca­mino de la vida de Shin­suke Daidôji: cua­dro de una psi­co­logía »), trad. del ja­po­nés por Edwige de Chava­nes. En An­tho­logie de no­uve­lles ja­po­nai­ses con­tem­po­ra­i­nes. 1 (An­to­logía de rela­tos ja­po­ne­ses con­tem­po­rá­neos. 1), Pa­rís: Ga­llimard, col. « Du monde en­tier », 1986.

En torno a Patas de caballo

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« Han­za­burô fue nueva­mente presa del es­tupor. Se­gún aquel in­ter­cam­bio, en pri­mer lugar, es­taba muer­to. En se­gundo lugar, ha­bían trans­cu­rrido ya tres días. En ter­cer lugar, sus pier­nas es­ta­ban des­com­pues­tas. Todo aque­llo era ab­sur­do. Vea­mos, ¿a­caso sus pier­nas no le obe­de­cían co­mo…? Ape­nas quiso adelan­tar un pie, dejó es­capar un grito so­no­ro. No sin ra­zón. ¡Con su pan­ta­lón blanco de plie­gue im­pe­ca­ble y sus zapa­tos a jue­go, sus pier­nas se do­bla­ban una y otra bajo el viento que en­traba por la ven­ta­na! Ante se­mejante es­pec­táculo, Han­za­burô es­tuvo a punto de du­dar de sus pro­pios ojos. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Jam­bes de cheval (Pa­tas de ca­ba­llo), trad. del ja­po­nés por Ca­the­rine An­celot, pos­fa­cio de Ni­no­miya Ma­sayuki, Pa­rís: Les Be­lles Le­tt­res, col. « Co­llec­tion Ja­pon. Sé­rie Fic­tion », 2013.

En torno a « La becada »

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« Justo en ese mo­men­to, se oye­ron gritos afue­ra; pronto unos pa­sos pre­cipita­dos su­bie­ron la es­ca­lera y, un ins­tante des­pués, la puerta se abrió de gol­pe. Cinco o seis per­so­nas, hom­bres, muje­res y niños, irrum­pie­ron en la ha­bita­ción, gritando cada cual una cosa dis­tin­ta.

“¡Papá, la he­mos en­contra­do­!”, gritó ale­gre­mente Ilia, que iba a la ca­be­za, blan­diendo la be­ca­da. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « La béca­s­sine » (« La be­cada »), trad. del ja­po­nés por Horigu­chi Daigaku, Ja­pon et Ext­rê­me-Orient, n.º 7-8 (julio-agosto de 1924), p. 1-12.

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En torno a « La fe de Wei Cheng »

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« Frun­ciendo el ceño con aire som­brío, Wei Cheng se puso a re­co­rrer con paso cada vez más rápido el banco de arena por donde rep­taba la som­bra de la no­che. En­tre­tan­to, las aguas del río ga­na­ban poco a po­co, pul­gada a pul­ga­da, pie a pie, el banco de are­na, mien­tras el olor a alga y a agua que su­bía del río co­men­za­ba, gla­cial, a adhe­rirse a su piel. Alzó los ojos: allá, por en­cima del puen­te, la lumi­nosa cla­ri­dad del sol po­niente se ha­bía extin­guido ya y solo los ba­laus­tres del pre­til de pie­dra, to­dos ne­gros, ra­ya­ban en lí­neas níti­das el cielo azulado por la no­che. Pero la mujer sigue sin ve­nir. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « La foi de Wei Cheng » (« La fe de Wei Cheng »), trad. del ja­po­nés por Edwige de Chava­nes. En Les no­ix, la mo­u­che, le ci­t­ron (Las nue­ces, la mos­ca, el limón), Ar­les: Éditions P. Pi­cquier, 1991.

En torno a La hechicera

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« 「俊さん。」――さう云ふ声が一瞬間、信子の唇から洩れようとした。実際俊吉はその時もう、彼女の俥のすぐ側に、見慣れた姿を現してゐた。が、彼女は又ためらつた。その暇に何も知らない彼は、とうとうこの幌俥とすれ違つた。薄濁つた空、疎らな屋並、高い木々の黄ばんだ梢、――後には不相変人通りの少い場末の町があるばかりであつた。

「秋――」

信子はうすら寒い幌の下に、全身で寂しさを感じながら、しみじみかう思はずにゐられなかつた。 »

en Wiki­so­urce 日本語, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« “¡S­hun-san!” Por es­pa­cio de un se­gun­do, ese grito es­tuvo a punto de es­capar de sus la­bios. En efec­to, en ese mo­men­to, Shunki­chi mos­tró su si­lueta fa­mi­liar justo al lado del co­che. Ella va­ciló una vez más. Él, sin sos­pe­char na­da, ter­minó por adelan­tar el co­che de capo­ta. El cielo gri­sáceo, los te­ja­dos irre­gula­res de las ca­sas, el tronco de los gran­des ár­bo­les que des­ple­ga­ban sus ra­mas… Des­pués no quedó sino el arra­bal, con sus ca­lles poco tran­sita­das. Bajo la capota li­ge­ra­mente fría, No­buko sin­tió con to­das las fibras de su cuerpo la melan­co­lía de la es­ta­ción otoñal y, a su pe­s­ar, un leve grito se le es­capó de los la­bios. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, La magi­cienne (La he­chi­cera), trad. del ja­po­nés por Éli­s­abeth Sue­tsugu, Ar­les: P. Pi­cquier, 1999.

« “¡­Sun­san!” Aquel lla­mado iba a es­caparse de la boca de No­buko. En efec­to, en ese ins­tan­te, la si­lueta fa­mi­liar de su primo apa­re­ció al lado del kuruma7Todo lo que rue­da, en Japón, es kuruma.. Pero No­buko va­ciló de nuevo y Sunkiti, sin sos­pe­char la pre­sen­cia de su prima, adelantó el co­che.

Un cielo hos­co, los te­ja­dos de­sigua­les de un su­bur­bio so­lita­rio, las hojas co­lorea­das de los al­tos ár­bo­les, el pai­saje de la ca­lle som­bría que se des­ple­ga­ba… Y en su kuruma, donde se des­lizaba ya el aire fresco de la tar­de, sin­tiendo con todo su ser una so­le­dad do­lorosa, No­buko no pudo dejar de de­cirse a sí mis­ma: “¡El otoño!”. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « L’automne » (« El otoño »), trad. del ja­po­nés por Sio­den Humiko (S­hio­den Fumiko), Extrême-Asie, n.º 46 (a­bril de 1930), p. 205-212.

« ¿Iba No­buko a lla­mar: “¡S­hun-san!”? Ese grito es­tuvo a punto de brotar de sus la­bios. La si­lueta fa­mi­liar de Shun-ki­chi se ha­llaba justo en ese mo­mento al lado de su ca­rrito. Tuvo otra va­ci­la­ción, y Shun-ki­chi, que no sos­pe­chaba na­da, pasó de lar­go.

El cielo un poco vela­do, las ca­sas dis­per­sas, las al­tas co­pas ama­ri­llen­tas de los ár­bo­les… No que­daba ya en su hori­zonte más que el pe­queño ba­rrio leja­no, con su ca­mino de ra­ros tran­se­ún­tes. “¡El otoño!”, pensó No­buko, bajo la lona fría del co­che­cito, y la des­es­pe­ra­ción de la so­le­dad la in­va­dió de pronto por en­te­ro. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Le nez • L’automne » (« La na­riz • El otoño »), trad. del ja­po­nés por Kaze Kei­ta, Les Œuvres libres, n.º 106 (marzo de 1955), p. 108-124.

« 横浜の或亜米利加人へ雛を売る約束の出来たのは十一月頃のことでございます。紀の国屋と申したわたしの家は親代々諸大名のお金御用を勤めて居りましたし、殊に紫竹とか申した祖父は大通の一人にもなつて居りましたから、雛もわたしのではございますが、中々見事に出来て居りました。 »

en Ao­zora Bunko, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« Se hi­zo, pues, la pro­mesa de ce­der las muñe­cas ha­cia el mes de no­viem­bre a un ame­ri­cano de Yokoha­ma. Mi fa­mi­lia, que lleva el nom­bre de Ki­no­ku­niya, ha­bía de­sem­pe­ñado de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción el papel de acree­dor ante los daimyôs, y mi abue­lo, que, se­gún creo, se lla­maba Shi­chiku, era un hom­bre ver­sado en los diver­ti­men­tos. Aun a riesgo de fal­tar a la mo­des­tia que debe­ría ma­tizar mis pa­la­bras, fuerza me es de­cir que aque­llas muñe­cas, mis muñe­cas pues, eran de muy her­mosa fac­tura. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, La magi­cienne (La he­chi­cera), trad. del ja­po­nés por Éli­s­abeth Sue­tsugu, Ar­les: P. Pi­cquier, 1999.

« El com­promiso de ven­der las muñe­cas a un ame­ri­cano re­sidente en Yokohama se contrajo en el mes de no­viem­bre. Desde ha­cía ge­ne­ra­cio­nes, nues­tra ca­sa, cuya ra­zón so­cial era Ki­no­ku­ni-ya, pres­taba di­nero a los señores feu­da­les. Fue mi abue­lo, lla­mado Shi­chiku, hom­bre lleno de expe­rien­cia y des­pren­dido de los bienes de este mun­do, quien me ha­bía dado las muñe­cas; eran, no obs­tan­te, puedo de­cir­lo, de una he­chura excelen­te. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Les po­upées » (« Las muñe­cas »), trad. del ja­po­nés por Serge Elis­séeff (Serge Elis­sée­v), Ja­pon et Ext­rê­me-Orient, n.º 4 (marzo de 1924), p. 327-346; reed. en Neuf no­uve­lles ja­po­nai­ses (Nueve rela­tos ja­po­ne­ses), Pa­rís: G. Van Oest, 1924.

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En torno a La vida de un idiota y otros relatos

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« […] en al­gún mo­mento debí de ha­ber tomado el ca­mino equivo­ca­do, pues me en­contré de pronto ante la sala de fu­ne­ra­les de Ao­ya­ma. Ha­cía bien diez años que no vol­vía a pa­sar ante ese edi­fi­cio, desde exac­ta­mente la ce­re­mo­nia fú­nebre de Na­tsume Sôseki. Diez años an­tes tam­poco era feliz. Pero es­taba al me­nos en paz. Con los ojos fi­jos en la playa de grava que se exten­día den­tro del por­tal, volví a ver el ba­nano de la “Vi­lla Sôseki”. No po­día dejar de sen­tir que tam­bién mi vida ha­bía lle­gado a su tér­mino. Y tam­poco po­día defen­derme del sen­ti­miento de que no era el azar el que, al cabo de diez años, ha­bía con­ducido mis pa­sos hasta aquí. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, La vie d’un idiot et aut­res no­uve­lles (La vida de un idiota y ot­ros rela­tos), trad. del ja­po­nés por Edwige de Chava­nes, prefa­cio de Jean­nine Kohn-Étiem­ble, Pa­rís: Ga­llimard, col. « Con­naiss­ance de l’Orient », 1987.

En torno a « El Cristo de Nankín »

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« En ese mismo ins­tan­te, la es­ta­tua de Cristo que col­gaba de la pa­red cayó con es­trépito. Un pe­sado si­len­cio duró va­rios se­gun­dos. Lue­go, presa de una gran emo­ción mis­te­rio­sa, la joven china re­co­gió la es­ta­tua y vol­vió a mi­rar el ros­tro del ext­ran­jero mudo y el ros­tro de Cris­to. Per­ma­ne­cía con­mo­vi­da. El ros­tro del santo Cristo se ase­mejaba sin­gular­mente al del ext­ran­je­ro. De súbito, una son­risa clara apa­re­ció en el ros­tro pá­lido de la chi­na, que se acercó a aquel hom­bre con una expre­sión de go­zo. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Le Christ de Nankin » (« El Cristo de Nankín »), trad. del ja­po­nés por Ma­tsuo Kuni (Ma­tsuo Ku­ni­no­suke), Bifur, n.º 8 (ju­nio de 1931), p. 97-100.

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En torno a Las ranas

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« 渡辺の橋の供養の時、三年ぶりで偶然袈裟にめぐり遇った己は、それからおよそ半年ばかりの間、あの女と忍び合う機会を作るために、あらゆる手段を試みた。そうしてそれに成功した。いや、成功したばかりではない、その時、己は、己が夢みていた通り、袈裟の体を知る事が出来た。が、当時の己を支配していたものは、必しも前に云った、まだあの女の体を知らないと云う未練ばかりだった訳ではない。己は衣川の家で、袈裟と一つ部屋の畳へ坐った時、既にこの未練がいつか薄くなっているのに気がついた。それは己がもう童貞でなかったと云う事も、その場になって、己の欲望を弱める役に立ったのであろう。しかしそれよりも、主な原因は、あの女の容色が、衰えていると云う事だった。 »

袈裟と盛遠 en Ao­zora Bunko, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« Des­pués de tres años sin ha­berla vis­to, la reen­contré por azar du­rante la ce­re­mo­nia de purifi­ca­ción del nuevo puente de Wa­ta­na­be, y lue­go, du­rante seis me­s­es, puse en prác­tica to­das las as­tucias del mundo para verla en se­cre­to. Y lo con­se­guí. Más aún. Logré co­no­cer su cuer­po, tal como lo ha­bía so­ña­do. Sin em­bar­go, el sen­ti­miento que me animaba en­ton­ces ya no era solo el des­pe­cho de no ha­berla po­seído to­davía. Cuando toma­mos asien­to, los dos, so­bre una es­tera en la casa de Koromo­gawa, ad­vertí que, sin darme cuen­ta, mis pe­sa­res se ha­bían vuelto me­nos pun­zan­tes. El que ya no fuera vir­gen sin duda ha­bía ayu­dado a men­guar mi de­seo. Pero ha­bía otra cosa más de­ci­siva: la be­lleza de aque­lla mujer se ha­bía mar­chita­do. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Une vague in­quiétude (Una vaga in­quie­tud), trad. del ja­po­nés por Sil­vain Chupin, prefa­cio de René de Cec­ca­tty, Mó­na­co: Éditions du Ro­cher, col. « No­uve­lle », 2005; reed. au­men­tada bajo el tí­tulo Les gre­no­ui­lles (Las ra­nas), trad. del ja­po­nés por Ca­the­rine An­celot y Sil­vain Chupin, Pa­rís: Cam­bo­urakis, col. « Litté­ra­ture », 2024.

« Fue el día de la fiesta búdi­ca, en el Puente de Wa­ta­na­be, cuando me en­contré con Ke­sa. Ext­raño azar tras tres años de sepa­ra­ción. Supe que es­taba ca­sa­da. Du­rante seis me­s­es, re­cu­rrí a múl­ti­ples as­tucias para ob­te­ner de ella una cita se­cre­ta. No solo ob­tuve una cita, sino que co­nocí al fin aquel cuerpo con el que no ha­bía ce­sado de so­ñar. Ahora bien, en ese mo­men­to, cons­taté que ha­bía en mi co­ra­zón ot­ros sen­ti­mien­tos ade­más del ar­diente pe­sar de ha­ber es­pe­rado tanto tiempo aque­lla po­se­sión. A su la­do, en la Casa Koromo­gawa, ob­servé que el atrac­tivo de su cuerpo ya no col­maba en­te­ra­mente mi al­ma.

Tal vez la dis­mi­nución de mi de­seo se exp­li­caba por el he­cho de que ya no era vir­gen y de que mis ar­do­res pri­me­ros se ha­bían apa­cigua­do. Tal vez tam­bién por otra cau­sa: el ros­tro de Kesa ya no irra­diaba juven­tud como an­ta­ño. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Kesa et Mo­rito » (« Kesa y Mo­rito »), trad. del ja­po­nés por Ma­tsuo Kuni (Ma­tsuo Ku­ni­no­suke) y Émile Stei­nil­be­r-Ober­lin, France-Japon, n.º 10 (julio de 1935), p. 163-166.

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En torno a Rashômon y otros cuentos

Citas

« 或日の暮方の事である。一人の下人が、羅生門の下で雨やみを待つてゐた。

廣い門の下には、この男の外に誰もゐない。唯、所々丹塗の剝げた、大きな圓柱に、蟋蟀が一匹とまつてゐる。羅生門が、朱雀大路にある以上は、この男の外にも、雨やみをする市女笠や揉烏帽子が、もう二三人はありさうなものである。それが、この男の外には誰もゐない。 »

羅生門 en Wiki­so­urce 日本語, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« Ocu­rrió un día, al crepús­culo: un hom­bre de baja con­di­ción se ha­llaba allí, bajo la Puerta Ras­hô, aguar­dando una tre­gua de la lluvia.

No ha­bía na­die más que él bajo la vasta Puer­ta. So­lo, so­bre una co­lumna enor­me, cuyo en­lucido rojo se ha­bía caído en al­gu­nos pun­tos, se ha­bía po­sado un gri­llo. Puesto que la Puerta Rashô se en­cuen­tra en la ave­nida Suzaku, ca­bría ha­ber es­pe­rado ha­llar allí, ade­más de este hom­bre, dos o tres per­so­nas, muje­res con som­brero có­nico u hom­bres toca­dos con eboshi8Alto bo­ne­te, ne­gro las más de las ve­ces, por­tado an­taño por los no­bles., en busca de abrigo contra la lluvia. Y, sin em­bar­go, no ha­bía na­die más que él. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Ras­hômon et aut­res con­tes (Ras­hômon y ot­ros cuen­tos), trad. del ja­po­nés por Mori Arima­sa, Pa­rís: Ga­llimard, col. « Con­naiss­ance de l’Orient », 1965; reed. con prefa­cio de Claude Roy, Pa­rís: Le Li­vre de po­che, col. « Le Li­vre de po­che. Cla­s­sique », 1969.

« La no­che era fres­ca. El la­cayo de un samurái se ha­llaba solo bajo las ar­ca­das del Ras­homon, aguar­dando a que pa­sara el agua­ce­ro.

Aquel edi­fi­cio se ha­bía levan­tado frente a la Ave­nida del Sujaku. No era raro que los tran­se­ún­tes, con som­brero de jun­cia o con tocado no­ble, fue­ran a res­guar­darse allí de un agua­ce­ro. Pero aque­lla no­che, el la­cayo es­taba so­lo; nin­guna otra pre­sen­cia salvo la de un gri­llo, so­bre una co­lumna roja des­vaí­da. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Ras­homon • Dans le tai­llis » (« Ras­homon • En el soto »), trad. del ja­po­nés por Ono Yos­hio y René de Ber­val, France-Asie, n.º 103 (di­ciem­bre de 1954), p. 217-225.

« 長崎あたりの村々には、時々日の暮の光と一しょに、天使や聖徒の見舞う事があった。現にあのさん・じょあん・ばちすたさえ、一度などは浦上の宗徒みげる弥兵衛の水車小屋に、姿を現したと伝えられている。と同時に悪魔もまた宗徒の精進を妨げるため、あるいは見慣れぬ黒人となり、あるいは舶来の草花となり、あるいは網代の乗物となり、しばしば同じ村々に出没した。 »

おぎん en Wiki­so­urce 日本語, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« A ve­ces suce­día que, bajo los ra­yos del sol po­nien­te, án­geles o san­tos vi­sita­ban los pueblos de la re­gión de Naga­saki. Se cuenta in­cluso que san Juan Bautista se apa­re­ció una vez en el mo­lino de Miguel Yahei, un fiel de Uraka­mi. El dia­blo, por su par­te, para po­ner obs­táculo al celo reli­gioso de los creyen­tes, trans­for­mán­dose ya en un ext­raño ne­gro, ya en una flor exótica o en un ca­rro con es­tores de zar­zo, ha­cía de las suyas en esos mis­mos pueblos. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Ras­hômon et aut­res con­tes (Ras­hômon y ot­ros cuen­tos), trad. del ja­po­nés por Mori Arima­sa, Pa­rís: Ga­llimard, col. « Con­naiss­ance de l’Orient », 1965; reed. con prefa­cio de Claude Roy, Pa­rís: Le Li­vre de po­che, col. « Le Li­vre de po­che. Cla­s­sique », 1969.

« Ocu­rría in­cluso que án­geles y san­tos des­cen­dían a vi­sitar los pueblos, en torno a Naga­saki, con los ra­yos del sol crepus­cular. Se re­fiere in­cluso po­siti­va­mente que una vez san Juan Bautista se apa­re­ció en el mo­lino de Mi­chel Yahei, en Uraka­mi. Por su par­te, el de­mo­nio tam­bién apa­re­ció a me­nudo en esos mis­mos pueblos bajo la forma de un ne­gro des­co­no­ci­do, de una flor exótica o de un pa­lan­quín de bam­bú, a fin de im­pe­dir que los fieles hi­cie­ran abs­ti­nen­cia. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Le nez et aut­res con­tes (La na­riz y ot­ros cuen­tos), trad. del ja­po­nés por Ma­ruyama Jun­ta­rô, Tôkyô: Haku­suis­ha, 1927.

« すると、一生懸命にのぼった甲斐があって、さっきまで自分がいた血の池は、今ではもう暗の底にいつの間にかかくれて居ります。それからあのぼんやり光っている恐しい針の山も、足の下になってしまいました。この分でのぼって行けば、地獄からぬけ出すのも、存外わけがないかも知れません。犍陀多は両手を蜘蛛の糸にからみながら、ここへ来てから何年にも出した事のない声で、「しめた。しめた。」 »

蜘蛛の糸 en Wiki­so­urce 日本語, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.

« A de­cir ver­dad, su lu­cha en­car­nizada no ha­bía sido en va­no: el es­tan­que de San­gre que aca­baba de aban­do­nar se ha­bía es­fumado ya en el fondo de la os­curi­dad. El des­te­llo lejano del te­rrible monte de las Agujas se ha­llaba tam­bién bajo sus pies. A ese rit­mo, quizá la huida fuera del In­fierno se rea­li­za­ría más fácil­mente de lo que ha­bía es­pe­ra­do. En­ro­llando en torno a su brazo el hilo de la ara­ña, dijo con una son­risa de sa­tis­fac­ción: “¡Ya es­tá! ¡Ya es­tá!”, en un tono ol­vi­dado desde su lle­gada a aquel lugar, ha­cía de ello cuán­tos años. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, Ras­hômon et aut­res con­tes (Ras­hômon y ot­ros cuen­tos), trad. del ja­po­nés por Mori Arima­sa, Pa­rís: Ga­llimard, col. « Con­naiss­ance de l’Orient », 1965; reed. con prefa­cio de Claude Roy, Pa­rís: Le Li­vre de po­che, col. « Le Li­vre de po­che. Cla­s­sique », 1969.

« En­ton­ces vio que sus es­fuer­zos no ha­bían sido en va­no: el lago de San­gre, en el que aún se en­contraba poco an­tes, ha­bía des­apa­re­cido en la os­curi­dad. Vio tam­bién la débil luz de la te­rrible mon­taña de las Agujas por debajo de él. A ese rit­mo, es­capar de los In­fier­nos quizá no se­ría más di­fí­cil de lo que ha­bía imagi­na­do. Apre­tando el hilo con am­bas ma­nos, Kan­data se echó a reír con una voz que ya no ha­bía usado a lo largo de to­dos aque­llos años pa­sa­dos en los in­fier­nos: “Va a fun­cio­nar, lo voy a con­se­gui­r”. »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Le fil d’a­raig­née » (« El hilo de araña »), trad. del ja­po­nés por Chris­to­pher Cha­ss­ag­neux y Lucie De­me­sy, La main de Thôt, n.º 13, 2025.

« Trepar con tanto ahínco va­lía la pe­na, pues el es­tan­que de San­gre, donde hasta en­ton­ces se ha­lla­ba, ha­bía des­apa­re­cido ahora en las ti­nieblas allá abajo. Hasta la débil luz de la ate­rra­dora mon­taña de las Agujas que­daba por debajo de él. Si se­guía trepando a ese rit­mo, es­capar del In­fierno po­dría ser más fácil de lo previs­to. Kan­data en­ro­lló el hilo de la araña alre­de­dor de sus ma­nos y, con una voz que no ha­bía usado desde su lle­gada allí, ha­cía nu­me­ro­sos años, rió y di­jo: “¡Ya es­tá, ya lo ten­go!” »

Akutagawa, Ryû­no­suke, « Le fil de l’a­raig­née » (« El hilo de la araña »), trad. in­di­recta del in­glés por Lucile Rusu con la co­lab. de Clara War­te­lle-S­aka­mo­to, se­gún la de Anne Mc­Nulty y Sato Eriko. En Pe­ti­tes his­toi­res ja­po­nai­ses : con­tes et no­uve­lles bi­lin­gues pour progres­ser en ja­po­nais (Pe­queñas his­torias ja­po­nes­as: cuen­tos y rela­tos bi­lin­gües para progre­sar en ja­po­nés), Ma­lakoff: A. Co­lin, 2022, p. 38-61.

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Bibliografía

  • Bon­neau, Geor­ges, His­toire de la litté­ra­ture ja­po­naise con­tem­po­ra­ine (1868-1938) (His­toria de la lite­ra­tura ja­po­nesa con­tem­po­rá­nea (1868-1938)), prefa­cio de Kiku­chi Kan, Pa­rís: Pa­yot, 1940.
  • Chava­nes, Edwige de, « Akutagawa Ryū­no­suke (1892-1927) ». En Ci­néma et litté­ra­ture au Ja­pon : de l’ère Meiji à nos jours (Cine y lite­ra­tura en Japón: de la era Meiji a nues­tros días), bajo la dir. de Max Tes­sier, Pa­rís: Cen­tre G. Pom­pi­dou, col. « Ci­néma sin­gulier », 1986, p. 44-45.
  • Co­lla­sse, Ri­chard, Dic­tion­naire amo­ureux du Ja­pon (Dic­cio­na­rio ena­mo­rado de Japón), Pa­rís: Plon, col. « Dic­tion­naire amo­ureux », 2021.
  • Gui­lla­maud, Jean, His­toire de la litté­ra­ture ja­po­naise (His­toria de la lite­ra­tura ja­po­nesa), Pa­rís: Ellip­ses, col. « Litté­ra­tures. Sé­rie Litté­ra­tures du monde », 2008.
  • Ma­téo, Pas­cal, « Ryû­no­suke Akutagawa, “Ras­hômon” (1915). Les ténèbres d’un Ja­pon de légende » (« Ryû­no­suke Akutagawa, “Ras­hômon” (1915). Las ti­nieblas de un Japón de leyenda »), Le Po­int Réfé­ren­ces, n.º 80 (a­bri­l-ju­nio de 2020), p. 64-65.
  • Ma­tsuo, Kuni (Ma­tsuo, Ku­ni­no­suke), His­toire de la litté­ra­ture ja­po­naise : des temps ar­chaïques à 1935 (His­toria de la lite­ra­tura ja­po­nesa: desde los tiem­pos ar­cai­cos hasta 1935), en co­lab. con Kawaji Ryūkō y Al­fred Smo­ular, prefa­cios de Ana­tole de Mon­zie, Émile Stei­nil­be­r-Ober­lin y No­gu­chi Yo­neji­rō, Pa­rís: So­ciété française d’éditions litté­rai­res et te­ch­niques, col. « Biblio­thèque du hé­ris­son », 1935.
  • Origas, Jean-Ja­cques, « Akutagawa Ryū­no­suke (1892-1927) », En­cyclo­pædia univer­salis, [en lí­nea], con­sul­tado el 10 de julio de 2026.
  • Pin­guet, Mauri­ce, La mort vo­lon­taire au Ja­pon (La muerte vo­lun­ta­ria en Japón), Pa­rís: Ga­llimard, col. « Biblio­thèque des his­toi­res », 1984.
  • Sieffert, Re­né, La litté­ra­ture ja­po­naise (La lite­ra­tura ja­po­nesa), Pa­rís: Librai­rie A. Co­lin, col. « Co­llec­tion A. Co­lin », 1961; nueva ed. con una ac­tua­li­za­ción por Katô Shui­chi, Pa­rís: Pu­bli­ca­tions orien­ta­lis­tes de Fran­ce, col. « Lan­gues et civi­li­sations. Litté­ra­ture », 1986.
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Yoto Yotov

Desde 2010, dedico mi tiempo a fomentar el diálogo entre siglos y naciones, convencido de que el espíritu humano está en casa en todas partes. Si comparte esta visión de una cultura universal, y si mis Notes du mont Royal le han iluminado o conmovido alguna vez, considere hacer una donación en Liberapay.

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