Aquel que se buscaba a sí mismo: grandeza y soledad de Heráclito
Traducido del francés
Heráclito de Éfeso nos llega, desde el fondo de los tiempos, a través de los fragmentos de un rollo depositado, en el siglo V a. C., en el templo de Artemisa. Aún se debate si ese rollo era un tratado continuo, o si consistía en pensamientos aislados, como aquellos que el azar de las citas nos ha conservado. Heráclito se expresaba allí, en todo caso, en un estilo sibilino, conciso, propio para asombrar; adoptaba a la vez el tono de un profeta y el lenguaje de un filósofo. De ahí ese epíteto de Oscuro o Tenebroso (Σκοτεινός) tan a menudo unido a su nombre, pero que no me parece menos exagerado: «Ciertamente, [su] lectura es de un acceso rudo y difícil. La noche es sombría, las tinieblas son espesas. Pero si un iniciado te guía, verás claro en este libro más que a plena luz del sol» (Antología griega, según el manuscrito palatino). Los destellos que nos han quedado de su doctrina son como las fulguraciones de una tormenta que se hubiera misteriosamente retirado, desgarrando la noche presocrática con un fuego que no tiene par. Hegel, al recorrer el surgimiento de la «luz del pensamiento», reconoce en Heráclito la figura más radiantemente central. Heidegger redobla la apuesta: «A Heráclito se le apoda “el Oscuro”. Ahora bien, él es el Claro. Pues dice lo que ilumina, intentando invitar a su luz a entrar en el lenguaje del pensamiento»1Heidegger, Martin, Essais et Conférences (Ensayos y Conferencias), trad. del alemán por André Préau, pref. de Jean Beaufret, París: Gallimard, col. «Les Essais», 1958..
La Realeza del rechazo
A esa aparente oscuridad se añadía en Heráclito un fondo de orgullo y de desdén hacia sus semejantes. Pues cuando un filósofo es orgulloso, no lo es nunca a medias. Príncipe heredero, abandonó sin pesar la dignidad real a su hermano, y luego rehusó legislar para una ciudad que juzgaba irremediablemente «bajo el dominio de una mala constitución» (πονηρᾷ πολιτείᾳ). Helo ahí retirado en el santuario de Artemisa, jugando a las tabas con los niños. ¿Se agolpaban los curiosos a su alrededor? Les espetaba:
«¿Por qué os asombráis, bribones? ¿Acaso no es mejor hacer esto que llevar con vosotros la vida de la ciudad?» (Τί, ὦ κάκιστοι, θαυμάζετε ; Ἢ οὐ κρεῖττον τοῦτο ποιεῖν ἢ μεθ’ ὑμῶν πολιτεύεσθαι ;)
Diógenes Laercio, Libro IX, trad. del griego por Jacques Brunschwig, en Vies et Doctrines des philosophes illustres (Vidas y doctrinas de los filósofos ilustres), trad. bajo la dir. de Marie-Odile Goulet-Cazé, París: Librairie générale française, col. «La Pochothèque», 1999.
Este sabio no necesitaba a nadie, despreciando incluso la sociedad de los doctos. Sin embargo, no era un hombre insensible; y cuando se afligía por las desgracias que tejían la existencia humana, las lágrimas le subían a los ojos. «Me he buscado a mí mismo» (Ἐδιζησάμην ἐμεωυτόν), confiesa, como si fuera el único en realizar verdaderamente el precepto délfico «Conócete a ti mismo». Nietzsche sentirá el terror sagrado de esa autarquía: «no se puede adivinar», dirá el filósofo de la voluntad de poder, «lo que fue el sentimiento de soledad que penetraba al ermitaño efesio del templo de Artemisa si uno no se encuentra a sí mismo petrificado de espanto en la montaña más desierta y más salvaje»2Nietzsche, Friedrich, La Philosophie à l’époque tragique des Grecs (La Filosofía en la época trágica de los Griegos), trad. del alemán por Michel Haar y Marc de Launay, en Œuvres (Obras). I, trad. bajo la dir. de Marc de Launay, París: Gallimard, col. «Bibliothèque de la Pléiade», 2000..
El Vértigo del fluir universal
Mientras que en el otro extremo del mundo griego, la escuela de Elea congelaba el ser en una inmovilidad de hielo, Heráclito concibe la unidad como un río en perpetuo movimiento, que permanece el mismo, aunque siempre diferente, empujando las olas nuevas sin descanso a las antiguas ante ellas3Con esta imagen, Heráclito no dice solamente que la existencia está abocada a las vicisitudes y a los declives, sino que ninguna cosa es esto o aquello: lo deviene. El mundo se asemeja al ciceón (κυκεών), esa mezcla de vino, queso rallado y harina de cebada, cuya consistencia espesa no debe su unidad más que a la agitación. Cuando esta cesa, los elementos se disocian, lo pesado vuelve a caer, y esa bebida ritual deja de existir. El movimiento se revela así constitutivo de la unión de los contrarios: «Incluso el ciceón se descompone si no se lo remueve» (Καὶ ὁ κυκεὼν διίσταται μὴ κινούμενος).. Contra la ilusión común de la persistencia, nada es estable: «Todo fluye» (Πάντα ῥεῖ), «Todo es devenir» (Hegel), «Todas las cosas […] se tambalean sin cesar […]. No pinto el ser. Pinto el paso» (Montaigne).
El fluir de todas las cosas tiene por consecuencia que todo se convierte en su contrario. Si el ser no existe más que en el cambio, es fatalmente un punto medio entre dos términos opuestos; a cada instante, se está en presencia de ese límite inaprehensible donde se tocan dos cualidades contrarias. Una ley terrible que se aplica al propio ser humano, cuya cada edad es la muerte de la precedente:
«¿Acaso el recién nacido no ha desaparecido en el niño, y el niño en el muchacho, el efebo en el adolescente, el adolescente en el joven, y luego […] el hombre maduro en el anciano […]? Quizás […] la naturaleza nos enseñ[a] silenciosamente a no temer la muerte definitiva.»
Filón de Alejandría, De Iosepho (Sobre José), trad. del griego por Jean Laporte, París: Éditions du Cerf, col. «Les Œuvres de Philon d’Alexandrie», 1964.
La Estética del juego cósmico
En busca de una afirmación trágica de la vida, Nietzsche hará del ermitaño de Éfeso su más cercano antecesor. «El mundo, en su eterna necesidad de verdad, tiene […] eternamente necesidad de Heráclito», declarará. Y en otro lugar:
«[…] la frecuentación de Heráclito me pone más a gusto y me reconforta más que ninguna otra. La aquiescencia a la impermanencia y al aniquilamiento; el “sí” dicho a la contradicción y a la guerra; el devenir, que implica el rechazo de la noción misma de “ser” — en ello debo reconocer […] el pensamiento más cercano al mío que jamás se haya concebido.»
Nietzsche, Friedrich, L’Antéchrist (El Anticristo), seguido de Ecce homo, trad. del alemán por Jean-Claude Hémery, París: Gallimard, col. «Folio», 1974.
Lo que el filósofo alemán encontrará allí sobre todo es el antídoto al pesimismo schopenhaueriano. Lejos de doblegarse bajo el yugo de pretendidas faltas, injusticias, contradicciones, sufrimientos, la realidad se libera de toda moral: es «un niño que juega, que mueve piezas: realeza de un niño» (παῖς […] παίζων, πεσσεύων· παιδὸς ἡ βασιληίη). Si Heráclito se mezclaba en el juego de niños bulliciosos en el santuario de Artemisa, es que meditaba ya allí el «juego del gran niño-mundo», es decir, Dios. La voluntad de poder se esboza aquí en el espíritu de Nietzsche: una fuerza artista que construye y destruye, con la sublime inocencia de un niño colocando aquí y allá algunas piedras, o levantando montones de arena para derribarlos de nuevo, más allá del bien y del mal. Es tras los pasos del Oscuro que Nietzsche «se dispone a convertirse en el Anticristo, es decir, aquel que rechaza la significación moral del mundo».
Para profundizar
En torno a Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro)

Citas
«Ἀκοῦσαι οὐκ ἐπιστάμενοι οὐδ᾽ εἰπεῖν. • Ψυχῆς πείρατα ἰὼν οὐκ ἂν ἐξεύροιο πᾶσαν ἐπιπορευόμενος ὁδόν· οὕτω βαθὺν λόγον ἔχει. • Ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομέν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμέν τε καὶ οὐκ εἶμεν.»
Αποσπάσματα (Ηράκλειτος) en Wikisource ελληνικά, [en línea], consultado el 22 de febrero de 2026.
«No versados en la escucha, tampoco saben hablar. • No hallarías los límites del alma, aun recorriendo todos los caminos, tan profundo es su logos. • Entramos y no entramos en los mismos ríos; somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro), trad. del griego por Jean Bouchart d’Orval, pref. de Constantin Fotinas. Montreal: Éditions du Roseau, 1997; reed., Gordes: Les Éditions du Relié, col. «Poche», 2007.
«No sabiendo escuchar, tampoco saben hablar. • No hallarías los límites del alma, aun recorriendo todos los caminos, tan profundo es el discurso (λόγον) que ella sostiene. • Entramos y no entramos en los mismos ríos; (allí) somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Fragments (Fragmentos), trad. del griego por Marcel Conche, París: Presses universitaires de France, col. «Épiméthée», 1986; reed. bajo el título Fragments recomposés : présentés dans un ordre rationnel (Fragmentos recompuestos: presentados en un orden racional), París: PUF, 2017.
«No saben ni escuchar, ni hablar. • Aunque recorrieras todos los caminos, nunca hallarías los límites del alma, tan profundo es el conocimiento que posee. • Descendemos a los mismos ríos y no descendemos; allí somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Fragments : citations et témoignages (Fragmentos: citas y testimonios), trad. del griego por Jean-François Pradeau, París: Flammarion, col. «GF», 2002.
«No saben ni escuchar, ni siquiera hablar. • Límites del alma, no podrías hallarlos prosiguiendo tu camino
por larga que sea toda la ruta
tan profundo es el logos que ella encierra. • En los mismos ríos
entramos y no entramos
somos y no somos.»Dumont, Jean-Paul (ed.), Les Présocratiques (Los Presocráticos), trad. del griego por Jean-Paul Dumont, con la colab. de Daniel Delattre y de Jean-Louis Poirier, París: Gallimard, col. «Bibliothèque de la Pléiade», 1988.
«Incapaces de escuchar, ni tampoco de hablar. • Y los límites del alma, allí donde vas, no los descubrirás, aun recorriendo todos los caminos, tan profundo es su logos. • En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Héraclite d’Éphèse, les vestiges (Heráclito de Éfeso, los vestigios). III.3.B/i, Les Fragments du livre d’Héraclite (Los Fragmentos del libro de Heráclito), trad. del griego por Serge Mouraviev [Sergueï Nikititch Mouraviev], Sankt Augustin: Academia Verlag, col. «Heraclitea», 2006.
«Esas gentes que no saben ni escuchar ni hablar. • Los límites del alma, no podrías alcanzarlos, aun recorriendo todo el camino, tan profundo es su logos. • En los mismos ríos, entramos y no entramos, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Les Fragments d’Héraclite (Los Fragmentos de Heráclito), trad. del griego por Roger Munier, Toulouse: Fata Morgana, col. «Les Immémoriaux», 1991.
«Hombres, que oyen y hablan sin saber. • Las fronteras del alma, no podrías alcanzarlas por lejos que, por todos los caminos, te conduzcan tus pasos: tan profunda es la palabra que la habita. • Entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos.»
Battistini, Yves (ed.), Trois Contemporains : Héraclite, Parménide, Empédocle (Tres Contemporáneos: Heráclito, Parménides, Empédocles), trad. del griego por Yves Battistini, París: Gallimard, col. «Les Essais», 1955; reed. aum. bajo el título Trois Présocratiques (Tres Presocráticos), París: Gallimard, col. «Idées», 1968.
«No saben ni escuchar ni hablar. • [laguna] • Descendemos y no descendemos al mismo río, somos y no somos.»
Tannery, Paul, Pour l’histoire de la science hellène : de Thalès à Empédocle (Para la historia de la ciencia helénica: de Tales a Empédocles), París: F. Alcan, 1887; reed. (pref. de Federigo Enriques), París: Gauthier-Villars, 1930.
«Esas gentes que no saben ni escuchar ni hablar. • No se pueden hallar los límites del alma, cualquiera que sea el camino que se tome, tan profundamente hundidos están. • Descendemos y no descendemos al mismo río; somos y no somos.»
Voilquin, Jean (ed.), Les Penseurs grecs avant Socrate : de Thalès de Milet à Prodicos (Los Pensadores griegos antes de Sócrates: de Tales de Mileto a Pródico), trad. del griego por Jean Voilquin, París: Librairie Garnier Frères, col. «Classiques Garnier», 1941; reed., París: Garnier-Flammarion, col. «GF», 1964.
«No siendo capaces de escuchar, ni tampoco de hablar. • Límites de la “psukhè” durante su viaje, no los descubriría quien tomara todos los caminos: tan profundo es su logos. • En los mismos ríos, entramos y no entramos, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Fragments (Fragmentos), trad. del griego por Frédéric Roussille, con la colab. de Éliane Gaillard y François Barboux, París: Éditions Findakly, 1984.
«El goce está ahí, pero algunos no saben ni verlo ni oírlo. • Nunca hallarás los límites del soplo vital (“psyché”), aun recorriendo todos los caminos, pues la bienaventuranza de su goce es infinita. • Entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Les Fragments d’Héraclite (Los Fragmentos de Heráclito), trad. del griego por Guy Massat, [Sucy-en-Brie]: Anfortas, 2018.
«No sabiendo escuchar, tampoco saben hablar. • [laguna] • En los mismos ríos, entramos y no entramos; somos y no somos.»
Plazenet, Laurence (ed.), Anthologie de la littérature grecque : de Troie à Byzance (Antología de la literatura griega: de Troya a Bizancio), trad. del griego por Emmanuèle Blanc, [París]: Gallimard, col. «Folio Classique», 2020.
«No sabiendo ni escuchar ni hablar. • Los confines del alma, en tu marcha, no los descubrirás, aun recorriendo todo camino; ella contiene un logos tan profundo. • Entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos.»
Axelos, Kostas, Héraclite et la Philosophie : la première saisie de l’être en devenir de la totalité (Heráclito y la Filosofía: la primera captación del ser en devenir de la totalidad), París: Les Éditions de Minuit, col. «Arguments», 1962.
«No saben ni oír, ni hablar. • No hallarías límite alguno al alma, aun viajando por todos los caminos, tan profundo es su logos. • Entramos y no entramos en los mismos ríos. Somos y no somos.»
Ramnoux, Clémence, Héraclite ou l’homme entre les choses et les mots (Heráclito o el hombre entre las cosas y las palabras), pref. de Maurice Blanchot, París: Les Belles Lettres, col. «Collection d’études anciennes», 1959.
«Como no saben escuchar, tampoco saben hablar. • Los límites del soplo, no los descubriría en su camino el hombre que los tomara todos. Tan profunda es la razón que él sostiene. • En los mismos ríos, entramos y no entramos, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Héraclite ou la séparation (Heráclito o la separación), trad. del griego por Jean Bollack y Heinz Wismann. París: Les Éditions de Minuit, col. «Le Sens commun», 1972.
«Incapaces son de escuchar tanto como de hablar. • El punto extremo del alma, no se podría alcanzar caminando, aun yendo hasta el final del camino. Pues la causa originaria se extiende profundamente en ella. • En los mismos ríos entramos y no entramos. Del mismo modo existimos y no existimos.»
Heráclito de Éfeso, Les Fragments (Los Fragmentos), trad. del griego por Simonne Jacquemard, seguido de Héraclite d’Éphèse ou le flamboiement de l’Obscur (Heráclito de Éfeso o el resplandor de lo Oscuro) por la misma, París: Arfuyen, col. «Ombre», 2003.
«No sabiendo ni escuchar ni siquiera hablar. • No podrías descubrir los límites del alma,
aun surcando todos los caminos,
tan profundo es el logos que ella encierra. • En los mismos ríos entramos y no entramos,
somos y no somos.»Heráclito de Éfeso, Éclats d’horizon : 150 fragments d’Héraclite d’Éphèse (Destellos de horizonte: 150 fragmentos de Heráclito de Éfeso), trad. del griego por Linda Rasoamanana, pref. de Yves Battistini, Nantes: Éd. Amalthée, 2007.
«No sabiendo escuchar
tampoco saben hablar. • Términos del alma
no los descubriría
quien recorriera todos los caminos
tan profundo es el logos que ella recoge. • En los mismos ríos
entramos y no entramos
somos y no somos.»Oriet, Blaise, Héraclite ou la philosophie (Heráclito o la filosofía), París: L’Harmattan, col. «Ouverture philosophique», 2011.
«No saben ni escuchar, ni hablar. • Los mojones del alma, cualquiera que sea el camino que recorras, no podrías descubrirlos, tan profunda es la razón que ella contiene. • Descendemos y no descendemos al mismo río, somos y no somos.»
Heráclito de Éfeso, Doctrines philosophiques (Doctrinas filosóficas), trad. del griego por Maurice Solovine, París: F. Alcan, 1931.
«[laguna] • No se pueden hallar los límites del alma, aun recorriendo todo el camino, tan profundo es su λόγος. • Entramos y no entramos, somos y no somos en los mismos ríos.»
Weil, Simone, La Source grecque (La Fuente griega), París: Gallimard, col. «Espoir», 1953.
«No sabiendo ni escuchar ni hablar. • No hallarás los límites del alma, cualquiera que sea la dirección en que viajes, tan profunda es su medida. • Descendemos y no descendemos a los mismos ríos; somos y no somos.»
Burnet, John, L’Aurore de la philosophie grecque (La Aurora de la filosofía griega), trad. del inglés por Auguste Reymond, París: Payot & Cie, 1919.
Descargas
Grabaciones sonoras
- Heinz Wismann a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Hervé Pasqua a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (YouTube).
- Jean-Claude Ameisen a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Inter).
- Jean-François Pradeau a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Jérôme Stéphan a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (Jérôme Stéphan).
- Kostas Axelos, Jean Beaufret y François Châtelet a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Marc Ballanfat a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Philippe Choulet a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Thibaut de Saint Maurice a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (France Culture).
- Émilie Hanns a propósito de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro). (Octopus, le philosophe à tentacules).
Obras impresas
- Extracto de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) en la traducción de Blaise Oriet (2011). (L’Harmattan).
- Extracto de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) en la traducción de Jean-François Pradeau (2019). (Éditions Flammarion).
- Extracto de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) en la traducción de Marcel Conche (2017). (Presses universitaires de France (PUF)).
- Traducción indirecta de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Auguste Reymond, según la de John Burnet (1919). (Google Livres).
- Traducción indirecta de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Auguste Reymond, según la de John Burnet (1919), copia. (Canadian Libraries).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1887). (Google Livres).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1887), copia. (Google Livres).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1887), copia 2. (Canadian Libraries).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1887), copia 3. (Google Livres).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1887), copia 4. (Google Livres).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (1930). (Bibliothèque nationale de France (BnF)).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Paul Tannery (ed. electrónica). (Wikisource).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Simone Weil (1953). (Google Livres).
- Traducción parcial de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Simone Weil (ed. electrónica). (Wikisource).
- Edición y traducción de Héraclite : la lumière de l’Obscur (Heráclito: la luz de lo Oscuro) por Guy Massat (ed. electrónica). (Guy Massat).
Bibliografía
- Aurobindo, Shri, Héraclite (Heráclito), trad. del inglés por D. N. Bonarjee y Jean Herbert, pref. de Mario Meunier, París: Dervy-Livres, 1970.
- Beaufret, Jean, Dialogue avec Heidegger (Diálogo con Heidegger). I, Philosophie grecque (Filosofía griega), París: Les Éditions de Minuit, col. «Arguments», 1973.
- Bouchart d’Orval, Jean, Civilisation profane : la perte du sacré (Civilización profana: la pérdida de lo sagrado), Montreal: Éditions du Roseau, 1987.
- Cantin-Brault, Antoine, Penser le néant : Hegel, Heidegger et l’épreuve héraclitéenne (Pensar la nada: Hegel, Heidegger y la prueba heraclítea), Quebec: Presses de l’Université Laval, col. «Zêtêsis», 2018.
- Decharneux, Bernard y Inowlocki, Sabrina, Philon d’Alexandrie : un penseur à l’intersection des cultures gréco-romaine, orientale, juive et chrétienne (Filón de Alejandría: un pensador en la intersección de las culturas grecorromana, oriental, judía y cristiana), Bruselas: E.M.E., 2009.
- Goedert, Georges, Nietzsche critique des valeurs chrétiennes : souffrance et compassion (Nietzsche crítico de los valores cristianos: sufrimiento y compasión), París: Beauchesne, 1977.
- Janicaud, Dominique, Hegel et le Destin de la Grèce (Hegel y el Destino de Grecia), París: Librairie philosophique J. Vrin, col. «Bibliothèque d’histoire de la philosophie», 1975.
- Jeannière, Abel, La Pensée d’Héraclite d’Éphèse et la Vision présocratique du monde (El Pensamiento de Heráclito de Éfeso y la Visión presocrática del mundo), con la trad. íntegra de los fragmentos, París: Aubier-Montaigne, 1959.
- Romilly, Jacqueline de, Précis de littérature grecque (Compendio de literatura griega), París: Presses universitaires de France, 1980.
- Steiner, George, Poésie de la pensée (Poesía del pensamiento), trad. del inglés por Pierre-Emmanuel Dauzat, París: Gallimard, col. «NRF Essais», 2011.
- Zeller, Édouard, La Philosophie des Grecs considérée dans son développement historique (La Filosofía de los Griegos considerada en su desarrollo histórico). II, Les Éléates, Héraclite, Empédocle, les Atomistes, Anaxagore, les Sophistes (Los Eléatas, Heráclito, Empédocles, los Atomistas, Anaxágoras, los Sofistas), trad. del alemán por Émile Boutroux, París: Hachette, 1882. (Google Livres).
